Europa arrastra una asignatura pendiente con Ceuta y Melilla. Arrastra y quiere seguir arrastrándola manteniendo sus dos fronteras sur en las condiciones actuales.
Fronteras trinchera en las que los agentes españoles se ven solos conteniendo una inmigración que persigue llegar a Europa, no quedarse estancada en las dos ciudades hermanas. Asombra ya no solo esa falta de implicación europea (no tendría que estar solicitándose la ayuda, sino que ésta debería llegar previo conocimiento real de la situación) sino la obsesión crítica que mantienen autoridades de la talla de Cecilia Malström con España. Tras rechazar la visita propuesta por Interior para visitar las dos ciudades autónomas, el pasado viernes conocíamos su ‘despedida’ del cargo de comisaria europea de Interior con un ataque sin miramientos a la forma de actuar que tiene España en las fronteras. Esas valoraciones podrían ser respetadas si se hubieran hecho con fundamento. Pero eso es mucho pedir a la sueca, quien basa sus ataques a la Guardia Civil de Melilla en un vídeo aportado por la oenegé Prodein, la misma que difundió que un subsahariano había perdido un riñón tras la paliza de un agente cuando luego resultó ser falso. Esos ataques se repitieron tras el 6-F con Ceuta, al dar por hecho que los guardias habían disparado, cual muñecos, a los inmigrantes en el agua. Optó por basarse en testimonios de oenegés (respetables, algunos), en autopsias supuestamente realizadas en Marruecos, obviando las hechas en Ceuta, que negaban impactos de pelotas de goma en el único inmigrante hallado con lesiones en aguas españolas. Malström tiene un juego entre manos y se le permite hacer lo que estime, hasta descalificar, sin razón alguna, la labor policial española con tal de evitar que un mando español dirija en los próximos años la Agencia Europea Frontex para la gestión de las fronteras exteriores.
En materia migratoria pueden incurrirse en fallos, puede haber intervenciones poco afortunadas en una valla que hace aguas, en una línea en la que hoy por hoy todo es confuso y en la que la clase política está mostrando una actitud indecente porque solo busca el rédito político no la consecución de soluciones que ayuden a mejorar la problemática actual. Una cosa es aclarar hechos puntuales que han podido ser erróneos y otra convertir a un país como España y a unas ciudades en particular como son Ceuta y Melilla en los grandes monstruos, en los devoradores de los derechos humanos.
¿Cómo se atreve a plasmar tales calificativos una comisaria que reniega de conocer in situ una realidad sobre la que hasta ahora era competente?, ¿no es mayor insulto a la inteligencia global que tener a un cargo que se niega a conocer antes de valorar? Europa calla, permite y da alas a quien sigue con su juego haciendo un flaco favor a la obligada garantía de los derechos que debe pasar por no faltar a la verdad.





