Seguimos con los asuntos que incongruentemente siguen ocurriendo en nuestra ciudad. Ahora toca parada en la plaza Nicaragua cuya obra arrebató de un plumazo los derechos de los vecinos del entorno a los que se les tapió la única salida que tenían. El castigo por el mal proceder de quienes tienen responsabilidad fue el tener que subir más de 40 escalones como única vía de salida.
Esto ha llevado a que ancianos no puedan salir más de sus casas, a que personas con carritos de bebé requieran de ayuda o tengan que someterse a una auténtica tortura para salir. Y de las personas con movilidad reducida… ya mejor ni hablar.
Desde hace un año piden que se les escuche. Desde hace un año reclaman que se les dé una alternativa. Y desde hace un año se les está engañando, porque cuando se promete y no se cumple lo que se hace con el personal es eso, engañarle.
Muchos de los vecinos que residían en el entorno de la plaza Nicaragua se han marchado porque veían que los abuelos de la casa no podían salir; otros se han ido a casas de familiares. Protestar han protestado pero nadie les ha hecho caso. Se les dijo, y así está publicado, que se les daría una solución que nunca ha llegado.
Cualquiera que se pase por la zona podrá verificar que se ha hecho un auténtico crimen. Son los grandes proyectos que apisonan los derechos de quienes también deben opinar. Son los grandes proyectos que no prestan atención a vecinos a los que se les ha dejado enjaulados.
De nuevo ahora alzan la voz quizá pidiendo que esta vez sí se les escuche. Veremos si tienen mejor suerte que los niños de Miguel Arruda que tienen que atravesar un descampado para ir a clase. Veremos si se les hace caso o como ya pasaron las elecciones todos les olvidan.






