No. El Gobierno no tiene razón. Ni pizca. Por mucho que el consejero de Fomento, Alejandro Ramírez, venda que pocos territorios de España superan el dato de número de pistas deportivas por habitante no cuela. La política del Ayuntamiento en este ámbito es nefasta. No les debería molestar que les digan la verdad. Muy al contrario, debería servir para recoger esa hilera de males que llevan arrastrando toda una vida y enmendarlos.
Ceuta no puede vender con orgullo sus pistas deportivas cuando tiene la poca vergüenza de tener muchas de ellas en un estado precario o se permite el lujo de arrebatar durante el verano el único lugar deportivo abierto que tenemos en el centro como hace con los bajos de la Marina.
Lo hizo este verano al igual que años atrás incurriendo en un despropósito que a pesar de las críticas les da igual. Cuando se levita es difícil que los gritos de los de abajo hagan daño salvo que se esté en campaña electoral. Entonces es otro cantar.
Ni pasando por caja la cosa mejora. Hemos tenido que pasar la vergüenza de asistir a suspensiones de partidos porque con cuatro gotas los pabellones sufrían goteras. Preferimos tenerlos cerrados antes que abrirlos al ciudadano o hacemos el ridículo como se hizo con el opositor que quería utilizar la pista de atletismo y se le negó. Somos así. Un ejemplo para los demás.
No estamos para sacar pecho con el deporte, ni para lucir orgullosos infraestructuras que no tenemos. Es vergonzoso ver las catalogadas como pistas cuando no tienen ni los mínimos recursos. Eso sí para inaugurar y llevarnos al vicario y al comandante general de compañía somos los primeros.
En una Ceuta con una gran cantidad de jóvenes estamos obligados a ofrecer alternativas sanas y el deporte es una de ellas siempre que pueda practicarse con un mínimo de dignidad. Cuando el orgullo se sostiene sobre pilares de barro no sirve de nada por eso de nada sirve llenarse la boca con lo que somos incapaces de cuidar, promocionar y dignificar. Ahora y antes.






