La familia de Mohamed Alí podrá despedirlo hoy como se merece con un entierro, permitiendo disponer de un lugar concreto al que acudir para rezarle. El hallazgo de sus restos y la posterior identificación ha hecho posible que ahora, meses después de la detención de los autores del crimen, se pueda dar este paso clave dentro del círculo del duelo que nosotros podemos imaginarnos pero que únicamente sufren sus familias directas.
La historia de esta desaparición y muerte es de las más duras contadas. Lo es por todo lo que rodeó al suceso. Ya no fue el asesinato del joven, sino la maldad posterior atrapada en ese silencio, en esa nula colaboración, en la intención de eliminar pruebas.
Esa madre que nunca se rindió ni agotó sus fuerzas podrá enterrar los restos de su hijo, disponer de un lugar al que acudir para rezarle. Y eso es muy importante, lo sabemos quienes hemos dejado ya en el camino a nuestros seres queridos y en ocasiones buscamos estar cerca de ellos acudiendo a un lugar que sirva para la reflexión y la unión buscada.
La familia de Mohamed Alí ha pasado lo peor, ha sido víctima de una sinrazón, de una acción tan dura que cuesta entenderla. Hoy al menos podrá reencontrarse con esa paz, ese cierre de un círculo que ayudará a que las heridas vayan calmándose aunque ese dolor nunca desaparecerá.
Las injusticias, la crueldad humana se nos presentan en el camino de la vida con tanta presión y fuerza que parece que nunca podrán superarse. Asma cuenta con el respaldo de su familia y con el respeto y empatía de muchos de los que se solidarizan con esa madre coraje que nunca se cansó de buscar a su hijo.






