Siempre que llega el final de cada año comenzamos a enumerar los cambios que haremos en nuestras vidas para el próximo. Es como una regeneración mental necesitada cargada de proyectos que no siempre cumplimos. Porque uno es como es y a estas alturas de la vida los cambios son cada vez más complicados.
Pero nos gusta engañarnos, lo hacemos con todo. En 2023 verás tú... pensamos; después ese verás tú se queda en la típica advertencia que nos hacemos a nosotros mismos para saciar nuestro ego hasta el siguiente año.
Nosotros no sé si cambiaremos mucho, yo llevo días planteándome lo que haré a partir de 2023. Me temo que seguiré igual, quizá lo hago ya como costumbre pero mis pasos, mis defectos y virtudes van a seguir siendo los mismos.
La que sí necesita un cambio urgente es Ceuta. Lo necesita a riesgo de morir si se queda en el intento. Ceuta es distinta a todas y por esa marca diferencial urge de una madurez colectiva que no hemos sabido demostrar en este año que ya muere. Aquí se resuelven los problemas a base de comentarios en redes sociales, se montan grandes polémicas de nimiedades que igual que explotan desaparecen, hasta la clase política ha convertido el foro en el que debían solucionar nuestro futuro en un patio de rebeldes niños chicos en donde todo se confunde.
Ceuta no puede seguir adelante convertida en una plañidera que no hace más que llorar al papá Estado por sus necesidades, sin apostar por el fomento de medidas que nos conviertan en un pueblo autosuficiente en el que haya oportunidades para todos, no solo para los afortunados grupos de siempre. Ceuta necesita saber qué quiere ser sin complejos, algo que aún no tiene claro. Si la casa no tiene cimientos, ¿cómo queremos hablar de futuro?
Este 2023 sí que debemos pelear por cambios colectivos porque en ello nos va el futuro de una ciudad que será la de nuestros hijos. Y no lo estamos haciendo nada bien, hemos fracasado en el intento en este 2022 tan complicado. Quizá podamos intentarlo ahora. Yo sé que mis ideas de cambio particular quedarán en un amago, pero no se trata de mis cambios ni de los suyos, se trata de los cambios de una ciudad que no puede seguir como está y tiene que tener claro qué hacer lejos de los asustaviejas acomplejados y de los que piensan que solo podemos vivir de la mendicidad.






