Sabah Ahmed ha sido reconocida con el Premio María de Eza. Un galardón que reconoce la implicación de esta mujer, incapaz de mirar a otro lado ante las injusticias y sobre todo implicada en lo que sea atender a los demás. En Ceuta vivimos dos episodios cercanos en el tiempo y de dimensiones socialmente catastróficas. El cierre de la frontera dejó a muchos marroquíes a este lado, sin poder regresar a sus hogares, confiando en que aquella medida durara una breve temporada. Al final son casi dos años los que lleva el Tarajal cerrado mientras hay hombres y mujeres que tienen que permanecer aquí para llevar un sueldo a sus casas.
En los primeros días de aquel marzo de 2020, las angustias de los atrapados fueron calmadas por Sabah y todos aquellos que colaboraron con ella. Esta mujer valiente abrió las puertas de su hogar para atender a desconocidos, a hombres y mujeres de los que nada sabía más allá de que se encontraban en una situación límite y necesitaban, simplemente, calor.
Tras aquel cierre fronterizo llegó la crisis de mayo, con miles y miles de personas deambulando por Ceuta sin saber qué hacer y sin entender que realmente habían sido engañados. Sabah fue consciente de la situación dramática a la que se enfrentaban y abrió de nuevo su casa para atender a los cientos de niños, adultos y mujeres incluso con bebés que solo pedían alimento y protección. ¿Se acuerdan? Aquellas imágenes de la casa de Sabah llena de personas impactaron no solo en Ceuta sino que también acapararon las miradas de medios nacionales que dedicaron reportajes a esta gran mujer. Fueron imágenes duras, momentos delicados en los que a Sabah solo le importó llevar a cabo una labor humanitaria y social. Así, sin más, vio un problema y reaccionó. Otros tienen que crear hasta un grupo de trabajo para coordinar una atención que Sabah ofreció en cuestión de días.
El Premio María de Eza reconoce la labor realizada por una mujer y en este caso se ha fijado con gran acierto en Sabah. Quienes la conocen saben cómo empatiza con los problemas, cómo no mira a otro lado, cómo atiende a los que piden ayuda y cómo sabe consolar a los que se vieron bloqueados aquí por diversas causas y solo pedían recordar y recuperar el calor de un hogar. Lo encontraron en la casa de Sabah. Y eso, en un mundo cada vez más egoísta y desconfiado, es bastante complicado. Fue todo un ejemplo, ahora reconocido.






