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Sostenía el filósofo inglés George Berkeley que el sabor de la manzana está en el contacto de la fruta con el paladar, no en la fruta misma. Las implicaciones de esta frase pronunciada en el siglo XVIII tienen vigencia hoy en dos salas del Museo del Revellín, donde está expuesta, hasta el 30 de junio, la VIII Muestra de Arte Postal Ciudad de Ceuta, promocida por la Fundación Premio Convivencia. “El arte no está en la obra sino en la interpretación del espectador”, dijo ayer casi cuatro siglos después Diego Segura, comisario de la exposición, al respecto del mensaje de ‘Banca ética, comercio justo: ¿utopía o necesidad?’
Quien decide no es el artista, cuya obra transmite, o no, en la medida en que “el pellizco retuerza el estómago de los ciudadanos que la observan”, insiste Segura. Y de artistas estaba ayer lleno el museo. De un lado, Francisco Javier Rominguera, ceutí. “En mi obra hay ceros y unos. Como una especie de yin y yan, un recuento de las dos energías regidoras del universo”. Su pintura es colorida, casi psicodélica, el del código binario que todo lo enreda en nuestros días.
Gregorio Ramos lleva viviendo en Ceuta media vida. A él le pertenece una obra “conceptual”, un trozo de cuero en cuyo interior gotean varios céntimos. “Es la metáfora del becerro de oro”, pero en cueros. Igual que el sabor de la manzana, resulta la asociación de dos palabras que titulan la exposición: banca ética, un notable género de oxímoron como podrían ser la nieve caliente o el fuego frío. Pero todo depende del receptor, de la mirada de quien observa. También que la ciudadanía tome conciencia o permanezca en casa con la barriga llena. Al final, cunde la responsabilidad hasta a quien no lo espera. La utopía o la necesidad la determina la multitud en la acera, no el artista en su torre de marfil. “A los expertos del arte les interesa el arte, pero a los artistas nos interesa la vida”, señalaba ayer Segura. Y al paladar, por lo que indica el pulso social, no le interesa dónde está el sabor de la manzana, sino que la barriga se siga llenando. Hasta el empacho.

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