El regreso de los menores con sus padres es la solución mejor, se mire por donde se mire, que puede acordar el país receptor de esos niños y el emisor. Es lo que sucede con los marroquíes, que llegaron en cientos a Ceuta con motivo de la crisis de mayo y que han forzado a la institución municipal a tener que echar mano de todos los recursos posibles para acogerlos en centros habilitados de manera ocasional. Ceuta no puede soportar esa presión que ahora, más o menos parece llevadera porque es verano. Será inviable en invierno, porque los centros alternativos no reúnen las condiciones para tener allí a los niños. España y Marruecos están acordando la viabilidad de esos retornos para hacer factible que los más de 700 niños regresen a su país, desde donde se lleve a cabo una reagrupación con sus familias. No se trata de una devolución alocada, sino de facilitar que quienes nunca debieron cruzar esos espigones regresen a su país para volver a su seno familiar. España siempre lo ha defendido, lo hemos escuchado en los discursos ofrecidos por las autoridades: desde el Gobierno central hasta la propia Delegación del Gobierno, esta misma semana por boca de Salvadora Mateos. Pero también fue el propio Mohamed VI quien dijo que asumiría a todos sus súbditos menores de edad, aunque lo manifestara en plena crisis. Que ambos países trabajen en ese protocolo y en favorecer el bienestar de quienes deben preocuparnos: los menores, es signo inequívoco de que las relaciones vuelven a ser las que debían.






