Ser solidario siempre me ha parecido que debía formar parte del ámbito privado. La exhibición de la solidaridad nunca me ha gustado, hasta el punto de que considero que atenta contra el espíritu que ha movido cualquier acción orientada a hacer la vida algo más fácil a los que no tienen recursos ni para comer ni para adquirir regalos en fechas especiales como las navidades. Desde hace tiempo se ha generalizado eso de posar con lo que damos a los pobres, lo que ahora se etiqueta como desfavorecidos. La palma se la llevan los partidos políticos quienes no dudan siquiera en posar delante de los kilos y kilos de alimentos y juguetes que donan para que se sepa que lo hacen, así lo trasladan a los medios de comunicación en las notas de prensa que ellos mismos difunden: esas legumbres, ese aceite o ese osito de peluche lo da el ‘x’ de turno.
Con lo fácil que sería quedar con la entidad benéfica que fuera y hacerle entrega, en la más estricta intimidad, de todo lo recogido. Siendo algo altruista, algo íntimamente relacionado con la solidaridad de cada uno, ¿a qué viene la exhibición y el detalle, con pelos y señales, de lo que se ha recogido y entregado?
Se hace ahora en Navidades, pero se ha convertido en una costumbre malsana sea la época que sea. Incluso, todos lo recordamos, se ha llegado a entregar alimentos en bolsas con las siglas del partido o se ha hecho esa entrega en las sedes de los mismos, para que quede claro quién lo da.
Hay muchísimas personas que en su parcela privada ayudan al que menos tiene, lo hacen de mil maneras que van más allá de entregar alimentos o juguetes, sin necesidad de sacarse una foto y exponer al detalle en qué se cifra esa solidaridad. Esto no es una guerra por ver quién es más solidario/cristiano/buena persona posando con los kilos recogidos. Precisamente esa publicidad de lo que uno hace por el resto termina matando cualquier otro ánimo. Hace unos años se incurría en la visualización del concepto de ‘buen samaritano’ citando a los niños más pobres para darles un regalo en Navidad mientras los medios de comunicación acudíamos a la cita oficial convocados por el Ayuntamiento para sacar fotografías de aquello. Menos mal que siempre hay mentes que despuntan entre la marabunta de lumbreras del peloteo y terminaron con aquello, reduciéndose el acto a algo privado para que ese niño no tuviera que pasar por la mayor crueldad de exponer su necesidad. Algo aprendimos, pero seguimos arrastrando los complejos de que ‘se note’ que en Navidad somos buenos y ayudamos. Que ‘se note’, porque si no, no vale.







Hay un dicho "que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha" o algo parecido y totalmente de acuerdo con el artículo de la señora Echarri, ya hasta molesta tantas fotitos, las cosas se hacen y punto en boca.