Ceuta acogió ayer la ‘no-inauguración’ del alumbrado de Navidad, porque no hubo acto oficial como tal, simplemente el encendido de los adornos colocados en las calles. Un alumbrado que ha sido demandado por los comercios para que ‘alegre’ unas compras navideñas en nuestra tierra. Porque eso es lo importante, que las compras se hagan aquí, que ayudemos entre todos al pequeño comercio, a los autónomos que tanto han sufrido la crisis de la pandemia. Esas luces no significan ni mucho menos alegría, ni celebración, simplemente porque no hay nada que celebrar ni festejar cuando ha habido tantas familias rotas por el coronavirus, tantas muertes y tantos dramas. Es un puro simbolismo para una Navidad distinta, un simbolismo que persigue dar esa nota de luz a las calles, que anime las compras que sean necesarias para celebrar estos encuentros en familia, sin incurrir en riesgos, sin entorpecer el camino andado y los datos positivos que se han alcanzado hasta la fecha. El alumbrado debe entenderse no en tono de crítica, porque de hecho desaparecerá en el toque de queda y durará el tiempo que pueda servir para que los comercios dispongan de ese respaldo para animar las compras que puedan hacerse, y que deben llevarse a cabo en nuestra tierra, como buen ejemplo de apoyo a los vecinos. Tenemos unas fechas muy señaladas para todos por delante, un cambio de año, y debemos comportarnos con la responsabilidad necesaria para que se olvide este 2020 que tanta ruina ha generado para dar paso a otro año que ojalá venga marcado por la esperanza.






