Ceuta no atraviesa uno de sus mejores momentos. Al contrario, hemos llegado a un callejón sin salida en el que urge la adopción de medidas impopulares para que se vuelva a la normalidad. Urge porque cuando se debieron adoptar no se hizo y hemos perdido demasiado tiempo en consultas sin invertirlo en comprobar que lo que es una obligación se cumpla. Algo falla en esa conexión Sanidad-Gobernación cuando, habiendo decretos que prohíben determinados actos o concentraciones, estos se siguen produciendo y a plena luz del día. La relajación se ha hecho dueña de reuniones oficiales que parecían realizarse buscando el protagonismo en los medios de comunicación. No. Los ciudadanos no estamos más tranquilos porque veamos a los mandamases reunidos a la misma mesa aunque sea un domingo, lo estamos si no nos escupen estadísticas de 50 contagios o 75... y los que quedan por venir. Lo estamos si tenemos la certeza de disponer de un HUCE con recursos suficientes y plantilla adecuada, en vez de un centro que va quedándose superado y unos profesionales hartos que están visibilizando su hartazgo en la calle.
No. Las cosas no se han hecho bien porque hemos llegado tarde. Y ahora el lenguaje del miedo, los anuncios de impacto constituyen la vestimenta de la que echan mano los políticos para presentarse en sociedad.
No. No hace falta regañar al ciudadano, ni decirle lo irresponsable que es, ni buscar culpables. Lo que hace falta es actuar a tiempo, sin perder semanas claves en esperar beneplácitos judiciales que no vienen a cuento, sin dar mil vueltas a la redacción de decretos que tienen que estar en horas. Porque cuando se pierde tanto tiempo en anuncios se pierde ese tesoro en efectividad y lo pagamos todos. Se han hecho las cosas muy mal, se han permitido actos bochornosos sin sanción, se ha dejado que a la vista de todos se incumpla lo que está prohibido... y las consecuencias son una situación que a nadie gusta pero a la que hay que poner remedio con medidas ingratas, impopulares, pero que son ya la única salida que nos queda.
Como siempre, nos dominó el miedo por no hacer a su debido tiempo los deberes: los que mandan y los que debimos obedecer.






