Del trabajo de la Consejería de Sanidad poco se habla. Se tiende a dar publicidad a los datos estadísticos sin saber lo que hay detrás, sin reparar en la importancia de un equipo que invierte sus horas y deja su vida en ejercer unos controles que son determinantes. Y es que precisamente en eso está la clave, en detectar a tiempo los sospechosos y los contactos para evitar que los casos de coronavirus se disparen y no pongan, por tanto, en riesgo a toda la población. Quienes integran esta consejería no son muy dados a salir en los papeles, ni tampoco a protagonizar ruedas de prensa, pero han entregado sus vidas a una labor constante que parecía no tener final en tiempos críticos como los que hemos vivido cuando los brotes terminaban por dar pie al aislamiento de bloques enteros y amenazaban con hacerlo en determinadas barriadas. Épocas de confinamiento y de extrema peligrosidad. Ese trabajo constante pero sobre todo exigente ha servido para que no se sufra un repunte de casos y, ahora más, para mantener en mínimos una situación que está convirtiendo a Ceuta en ejemplo para toda España de la prevención y de lo que se debe hacer. Esa labor callada pero responsable es digna de ser destacada. Controlar a todos los posibles sospechosos y aislarlos hasta tener las garantías sanitarias es la medida por la que se apuesta como única forma de combatir un virus que ha logrado parar todo.






