Sucedió por la tarde del pasado 22 de diciembre, cuando todo el mundo estaba pendiente de su suerte. Pero la familia de Azdin Zarrouken no tuvo precisamente el mejor día de su vida.
Fue en el mediodía de aquella jornada cuando el muro de ladrillos que sujetaba su casa se derrumbó, haciendo peligrar su estructura, ya de por sí precaria.
“Comenzó a encontrarse en mal estado cuando se iniciaron las obras en este terreno, moviendo tierra”, asegura Zarrouken. Él cree que la coincidencia en el tiempo no es casual, si bien admite la precaria estructura de la vivienda. “Vine aquí y no había nadie, así que comencé a construir la casa con mis manos, cuando hay que mantener una familia uno no puede dejarlos sin techo. Durante un tiempo estuve viviendo con la viuda de mi padre, pero la convivencia era difícil y nos fuimos”, añade.
Dice que llevaba viviendo en esa vivienda desde hace dos años, aunque aún no estaba terminada de construir. También admite que no pidió ningún tipo de licencia, que el terreno estaba allí, no había nadie, y comenzó a construirla con sus propias manos. La consecuencia, explica, una multa de unos 47.000 euros.
Uno a uno, detalla los problemas que ha tenido su vivienda a lo largo de los últimos meses. Lo peor, cuando se despegó de la casa contigua, creando entre los muros una separación de 20 centímetros. “Oímos un gran ruido, y nos sobresaltamos. ¡Mira, hay un espacio muy grande!”, explica.
Los desperfectos fueron acumulándose en la vivienda: grietas en un baño y techo abombado en el otro; grietas también en la pared del pasillo, en el salón, en la cocina, en las escaleras, humedades en el piso de arriba, y agua estancada en el balcón. “Antes el agua de lluvia caía, pero ahora se queda aquí en el balcón porque ha cambiado la inclinación del techo”, comenta señalando la zona.
Dice que le gustaría que pudieran arreglarle la casa de algún modo, pero que sabe que es complicado. “La verdad es que en servicios sociales se han portado bien conmigo, espero que me den la ayuda que me prometieron para el alquiler, porque si no, no sé cómo lo voy a pagar”, concluyó. Por lo menos, contará con la ayuda de la asociación Al Ambar, de El Príncipe, que realiza acompañamientos a la administración a la gente que lo necesita, para conocer los trámites que hay que realizar.







