Ayer a primera hora de la tarde se cumplían exactamente dos semanas en aguas ceutíes para el Katrine Krog. Un buque mercante de 63 metros de eslora y 11 de ancho cuyos tripulantes continúan atrapados.
Y la clave, en ello coincide todo el mundo, es el armador del buque, Derival Prosnel. Sólo él puede desatascar la situación contratando una agencia consignataria que le represente ante los estamentos portuarios de Ceuta (Autoridad Portuaria y Capitanía Marítima).
Todas las llamdas que ha recibido han tenido la misma contestación. “Tengo el dinero, lo mando mañana”. Siempre, siempre. Pero, hasta ahora, sólo llegaron 1.100 dólares americanos vía Western Union, que el pasado sábado 4 de diciembre tuvo que retirar el ‘oiler’.
Otra de las mentiras que se repiten en las llamadas: “Tengo una agencia consignataria”. Inmediatamente decía una compañía, pero al llamar a la empresa se negaba la información. Y Capitanía Marítima corroboraba el hecho. Sí es cierto que las dos compañías consignatarias que ha referido admitieron haber sido contactadas por el armador del buque, que en última instancia es el máximo responsable.
El problema, explican las fuentes consultadas, es que las compañías consignatarias suelen trabajar con clientes conocidos y, “a no ser que sea alguien de absoluta confianza, no se comienza a operar sin el dinero por delante”.
El armador aseguraba el pasado lunes que el viernes podría salir el barco de Ceuta. Sin embargo, ayer mismo volvió a dar una nueva fecha, el lunes y, además, se presentó como víctima. Aseguró que había enviado el dinero requerido por la consignataria pero que se lo habían rechazado y no le había llegado. “¿Dónde está mi dinero?”, preguntaba.
El lunes también dijo que la tripulación al completo fijaría rumbo para cruzar el Atlántico, sin tener en cuenta que algunos marineros quieren abandonar el barco cuanto antes, y están en su derecho por llevar en el mar más días de los que marca su contrato. Ayer reconocía que “dos tripulantes quieren irse”, y aseguró que “una agencia de Miami buscará sus sustitutos”. Tampoco tuvo en cuenta el sistema de radio del buque que no permite una comunicación más allá de 200 millas, por lo cual no puede cruzar el Atlántico. Incluso aseguró haber llamado al capitán y que éste le había dicho que el sistema existe. Una verdad a medias, porque el equipo necesario sí está en el barco, con la salvedad de que no funciona.
Y las posibilidades de los tripulantes, escasas. Cualquier reclamación laboral iría por la ley boliviana.






