Se podría catalogar de cualquier cosa menos de lógico que en una ciudad donde sus responsables políticos lanzan campañas para la erradicación de perros asilvestrados con unos modos que dejan mucho que desear, la Policía Local no disponga de los medios necesarios para tratar con perros peligrosos. Sin lector de chips, ni pistola de dardos tranquilizantes, y ni siquiera, lo que es más grave, formación de los agentes, los policías locales se enfrentan a situaciones ante las que se encuentran incapacitados para actuar. Por lo demás, el horario de los laceros, incompatible con la recuperación de un animal en horas de descanso del funcionariado, es un problema añadido a esta cuestión. Mientras se adopta cualquier medida, parece que la opción por la que sigue apostando la Ciudad sigue siendo la caza de los perros que pululan por nuestra ciudad.





