Fue entonces, la madrugada del pasado domingo al lunes, cuando se puso de parto. Cuando el tratamiento comenzó a hacerle efecto. Eso asegura S., que pide que se respete su anonimato. Y dice más: que la matrona la exploró a las tres de la mañana y no quiso que permaneciera en la sala de partos, porque según dice la joven, le espetó que aún no estaba para parir. Son las palabras de S. las que lo narran. La joven dice que contaba cada tres minutos las contracciones, en la habitación, junto a su marido, que los dolores cada vez eran más fuerte. Que pasó de sufrir contracciones a tener dolores de parto. Pero que la matrona se resistía a creerla. Que su marido pedía ayuda en el pasillo. Que las enfermeras le repetían lo mismo que la matrona había dictado. Que tenía que permanecer en la cama, dormir, y ya por la mañana entraría en la sala de partos. Pero cuenta S. que tras romper aguas, en torno a las cuatro de la mañana, un dolor sordo le partía el vientre, que no podía más y que se fue al baño. Lo que vino luego lo cuenta entre sollozos. Dice que tuvo que enfrentarse a un feto de seis meses al que no quería mirar. Fueron unos minutos esperando a que alguien del centro viniera. Unos 15 minutos pariendo sola que le parecieron media vida.
Así lo cuenta S. Con ojos tristes y cansados. Fatigados. Con el deseo de que nadie vuelva a pasar por lo que ella asegura que ha pasado. Y con un miedo que, explica, le engarrota todo el cuerpo. Las lágrimas interrumpen el relato.
S. continúa. Insiste en que estuvo un rato esperando que alguien del centro viniera. El reloj, cuenta la joven, marcaba las cuatro y media de la mañana. Luego dice que la metieron en quirófano y que le quitaron la placenta. Ella sólo repetía una cosa. Lo he visto, lo he visto. Aún ayer lo seguía diciendo al contar la historia. En quirófano, insiste, vivió otro parto. Dice que tuvo que empujar bien fuerte, hasta que salió la placenta. Hoy, después de que le realicen una ecografía que avale que todo está bien, volverá a casa.
La historia que cuenta S. trae un arrastre de calamidades. Dice que nunca más volverá a pisar el Hospital Universitario de Ceuta. ¿Y el psicólogo, qué le dice? Nadie ha pasado por su habitación. Eso cuenta la joven. Lo ha solicitado. “Y me dijeron que iban a hablar con el director a ver si es posible, pero nada”, responde.
Desde el hospital aseguran que la joven tenía un embarazo complicado, tuvo que abortar y que en todo momento ha estado bien atendida. Insisten desde el centro en que tenía un tratamiento controlado y que la atención ha sido la correcta.
Para S. eso es una versión torcida de los hechos. “Mi hija tuvo que interrumpir el embarazo porque venía con problemas, pero ha parido sola, ella no es un animal y es que estaba en el hospital”. Habla su padre. Su familia se ha dirigido a la Oficina de Atención al Paciente, han puesto una reclamación. Explican que ese ha sido el único lugar en el que han tratado bien a la joven.
Asegura S. que va a denunciar al hospital. “Porque me han dejado parir sola en el baño”. Y “porque no enviaron a la persona competente los papeles que me dieron en el Hospital Puerta del Mar de Cádiz, en el que se solicitaba el aborto y tuve que ir a una clínica de Sevilla para abortar, tuve que trasladarme por culpa de ellos”.
Cronología
17 de agosto
“Estoy de unas 20 semanas. Así que me hacen una ecografía tridimensional en el Hospital Universitario de Ceuta y ven problemas en el corazón del bebé. Me mandan al Hospital Puerta del Mar de Cádiz para que confirmen las sospechas”.
24 de agosto
“En Cádiz, un cardiólogo de medicina fetal y un ginecólogo me dan la confirmación. Mi bebé sufría Tetralogía de Fallot y había que interrumpir el embarazo. Me dan los papeles para entregarlos en el hospital de Ceuta y practicar el aborto”.
29 de agosto
“Presento los papeles en el hospital de Ceuta y pasan los días y nadie me llama. Los llamo y me dicen que la persona que está de vacaciones es quien se encarga de eso y finalmente me dan cita para que aborte en Sevilla el 15 de septiembre, ya fuera de plazo”.
15 de septiembre
“En una clínica privada de Sevilla, con los médicos de Ceuta como responsables, me practican el aborto, destruyendo el corazón del bebé. Fue una intervención muy dolorosa, sin anestesia. Me la hicieron por la mañana y por la tarde ingresé en Ceuta para expulsarlo”.






