La sordera no es algo que se acabe de descubrir. No es difícil conocer a alguien o haber coincidido en nuestro entorno con alguna persona que tenga problemas de audición. Pero pese a ello, pese a saber que son muchas las personas que sufren esta discapacidad, aún nuestra sociedad no es capaz de facilitar la vida a las personas que la sufren.
Es cierto que se han dado muchos avances tecnológicos. El implante coclear ha sido toda una revolución, sobre todo para los niños a los que se le diagnostica este problema desde que son muy pequeños. Esto les ayuda a poder llevar una vida lo más normal posible, sin sentirse excluidos desde los primeros años de la infancia.
Sin embargo, tanto nuestra ciudad como otras del territorio nacional adolecen de la falta de intérpretes del lenguaje de signos, fundamentales para muchas personas con problemas de audición que quieren desarrollar una vida sin sentirse excluidos.
Y es que si se ponen a pensar, ¿en cuantos eventos de carácter público han visto ustedes a un intérprete? Obras de teatro, sesiones de cine o cualquier otra actividad de ocio carece de su traducción a lenguaje de signos por lo que, de manera automática, las personas con esta discapacidad quedan excluidas a no ser que cuenten con un intérprete particular.
Son avances que supondrían una mejora para todas las personas que sufren sordera o problemas de audición y una obligación que deben tener las administraciones para garantizar una sociedad inclusiva para todos.






