Ceuta perdió en la mañana de ayer a uno de sus ciudadanos más preciados: Miguel de Luque. Aunque malagueño de nacimiento, De Luque se consideraba “más caballa que boquerón” y a sus 53 años estaba centrado en mejorar su pequeño sueño, el complejo rural que lleva su nombre. A esta obra dedicó buena parte de sus últimos años y en su empeño logró convertir lo que era una simple vaguada en todo un paraíso al alcance de cualquier persona invirtiendo todo lo que tenía. Precisamente por ello está considerado como el pionero del turismo rural en la ciudad y el mayor promotor de los alojamientos rústicos de la zona. Amable y cercano, Miguel logró forjar un espacio hostelero conocido internacionalmente, ya que en él han dormido desde ingleses y alemanes hasta italianos y holandeses. Su dedicación a este proyecto queda patente en el cariño con que ha construido con sus propias manos cada una de las cabañas que conforman el complejo rural ‘Miguel de Luque’. Sudor y lágrimas impresas en cada uno de los centímetros de ese espacio creado a su antojo.
Quienes más lo conocían aseguran que “su huella está ahí y jamás se olvidará porque nos ha dejado un legado importantísimo”.





