El final del verano lleva a las clínicas el mayor número de crisis matrimoniales del año
Las ansiadas vacaciones que traen días de vino y rosas dejan, en muchas ocasiones, espinas y resaca. Todo el año soñando con vacaciones sin darse cuenta de que estas son un arma de doble filo. Ya que cerca del 30% de lo más de 100.00 divorcios que se producen en España cada año ocurren justo después del verano.
El neuropsicólogo y director del Instituto Clínico Brain, Emilio Díaz Moreno, achaca estas separaciones a multiples motivos. Una parte importante de ello son los hijos, la vuelta a la rutina, la imposición de horarios y el tener que lidiar con todo lo que ello conlleva, explota como una bomba en la relación de pareja que se ven enfrentados por culpa de los hijos y en muchas ocasiones termina resquebrajándose. Por otra parte muchas parejas achacan sus problemas a la falta de tiempo, el estrés y el exceso de trabajo y piensan que cuando llega el verano se van a limar esas asperezas, pero no se arreglan porque los problemas son profundos y pasadas las vacaciones se produce la desilusión y el mayor deseo de separación.
Todo debido al ritmo acelerado y al cansancio al que estamos acostumbrados. Trabajo, compromisos, rutinas de días largos y semanas cortas que provocan que este tipo de coyunturas se vayan alargando en el tiempo. “Por eso, si el as en la manga para salvar la relación es esperar a verano para aclarar las cosas es mejor que vayan con cuidado. Puede que, en ocasiones, haya rabia y estrés acumulado. Una pequeña chispa puede hacer que todo explote. Y cuando se abre la caja de Pandora no suele haber marcha atrás. En estos casos siempre se recomienda educación, respeto y saber negociar”, señalaba Díaz Moreno.
El neuropsicólogo apuntaba que todos los años el mayor número de casos que registran en la clínica esta temporada son los relativos a la vuelta al cole de los hijos y a los problemas derivados de ello que produce en los padres, con las consiguientes crisis de pareja.
“En los meses de verano se deciden el 33% de las separaciones, pero el verano es el 25% del año”, asegura el neuropsicólogo, quien advierte de que no todo se acuerda en esos meses. Díaz Moreno recuerda que durante las vacaciones “hay más roces, más enfados, más disputas por el poder en la pareja” y, pasadas las vacaciones, “se produce esa desilusión y ese mayor deseo de separación”. Además, “se pueden duplicar el número de llamadas en el mes de septiembre y enero para solicitar información o una cita, justo después de las vacaciones”. Destacaba que es la mujer la que suele dar el paso y llama para informarse, “porque también normalmente suele ser la que toma la decisión de separase” , apuntaba.
“La mediación familiar no es una terapia de pareja, es una intervención y una herramienta o instrumento para que la pareja que ha decidido ya separase pueda resolver conjuntamente los problemas que puedan surgir de esa ruptura, como la situación con los hijos”, señalaba.
El sector jurídico ofrece otro argumento de por qué en septiembre se multiplican el número de divorcios: en agosto los juzgados están cerrados. Aquellos que tomen la decisión durante este mes deberán esperar. Aunque a veces el tiempo pasa a un segundo plano ya que es eclipsado por el factor económico.





