Día de la vuelta al cole. Los niños, algunos más contentos que otros, regresan a las aulas. Van de la mano de sus padres o familiares, otros de sus mejores amigos... circulando por unas aceras alejadas de montañas, barro, socavones e inseguridad. Todo, dicen, ha sido normal. Todo, dicen, se ha desarrollado sin problemas. Porque, al parecer, lo que haya sucediendo y siga sucediendo en el entorno del colegio Príncipe Felipe no debe ser importante. Estaré equivocada, pero yo no considero que pueda ser calificado de normal ver a padres con sus criaturas a cuestas subiendo caminos marcados por obras o accediendo hasta el centro por las montañas que han sustituido a las escaleras. Y así fue ayer y así seguirá siendo. Porque nadie nos ha informado de actuación urgente alguna, peor aún, nos han dicho que “todo ha sido normal”.
Imaginen por un momento que ustedes, todos ustedes, tuvieran que llevar a sus hijos en esas condiciones. Tuvieran que cruzar por los caminos dejados por una obra sin accesos, digamos, dignos. Seguro que más de uno habríamos elevado la voz, con razón, porque se trata de unas escenas indignas para unos menores que deben tener los mismos derechos que el resto. Pero no los tienen.
¿No nos decían los populares que en todos los colegios de Ceuta se daban las mismas condiciones? Mentían. Lo hacían igual que ahora los socialistas cuando consideran que la vuelta al cole es normal y pasan, por tanto, por alto ver las escenas de aquellos que para cumplir con la educación tienen que andar por un camino de cabras.
Hacer las cosas bien no es tan difícil. Montar un dispositivo acorde a la llegada a este centro para hacer la misión lo menos complicada solo requiere de interés e intención. Pero eso solo se tiene para unos asuntos, no para los obligados para todos, por lo menos si tuviéramos conciencia.
‘La empinada vuelta al colegio’, titula mi compañero Juanjo Oliva su crónica. Esa vuelta debería ser empinada para todos, principalmente para los que tienen competencias en educación, quienes no deberían permitir ni un segundo más que esto se repite, que no haya alternativas para una digna, y no empinada, vuelta a las aulas. Porque en esta ‘dulce y marinera’ dicen que todos somos iguales. Otra cosa es que terminemos creyendo ese discurso. Yo en 20 años todavía no lo he asimilado.






