Ceuta no escapa a la realidad que se da en otros puntos del país. Aunque las autoridades se afanan en regalarnos los oídos insistiendo en que aquí nadie pasa hambre, la realidad nos escupe dramas a diario.
Nadie está libre de ver torcido su futuro, de que de la noche a la mañana nos encontremos sin empleo, cargados de deudas, con críos a nuestro cargo y sin encontrar apoyo en nadie. Peor aún, podemos sentirnos repudiados por una sociedad que sigue mirando por encima del hombro al diferente. Si lo hace así, ¿cómo no lo va a hacer con alguien sin recursos cuya mirada necesitada de apoyo se traduce en un problema para el que todo lo tiene?
Hemos perdido un tiempo precioso con errores políticos de calado. El albergue de Hadú debía servir para acoger a las personas que carecen de recursos, pero la mala gestión política con los MENA hizo que, ante la amenaza de una denuncia, se tuviera que cerrar San Antonio habilitando el único lugar existente para ser transformado en centro de acogida. Así que nos cargamos una de las pocas infraestructuras con cabeza que se había construido porque durante muchos años de vacas gordas los políticos se dedicaron a hacer el ganso sin edificar el centro de menores demandado desde todos los ámbitos, incluso desde el judicial. Hoy todavía seguimos sin esa construcción.
La solución política a los problemas de esas familias sin hogar pasa hoy por hoy por proponer la ocupación de pensiones o por efectuar recomendaciones cuando menos inmorales (como esa típica de... váyase de Ceuta y busque el amparo en su familia peninsular si es que la tiene y si es que quieren ayudarle).
Urge mejorar la situación en este ámbito como una prioridad absoluta, adoptando medidas políticas fundamentadas y huyendo de la demagogia en la que siguen cayendo las fuerzas políticas. Demagogia como la que ayer pudo verse en el desahucio de Cría Caballar, convertido en un acto casi electoral en plena lucha por ocupar la Secretaría General del PSOE.
Esas mismas palabras de consuelo que se afanaban en dar los candidatos, aupados por su propio grupo de seguidores, serían en parte creíbles si se hubieran aplicado en todas y cada una de las historias de desahucios que se han producido en Ceuta. Y no ha sido así. Enumeren las que quieran. Ellos recordarán, o deberían, las de Puente Quemadero, entre otras cosas porque le sacaba la vena más pepera y fascista al delegado de su partido.





