Sí, es cierto. El panorama político y social de este país resulta tan desolador que es difícil abordar cualquier cuestión de esta naturaleza de una forma optimista. El paro, la corrupción, la sanidad, la educación, el desequilibrio social... un sin fin de argumentos con el que amargarnos a todos, todo el santo día. Y es que la preocupación es necesaria, pero estancarse en ese paso abona el insano terreno de la obsesión que nunca ha solucionado nada. Por otro lado, negar la evidencia del malestar social va más allá del optimismo. Esta negación estaría más bien en el entorno de un episodio maníaco que, en el caso de algunos miembros del gobierno sería prolongado. La situación es la que se refleja en todos los hogares de España y esta no va a cambiar con con palabras de ánimo o de desánimo, pero sí con acciones y reacciones, con hechos que pueden mejorar o empeorar las circunstancias que nos rodean. Se trata de eso, de acabar con el discurso y pasar a la acción. Las acusaciones de electoralismo que ahora reciben las súbitas inversiones que emanan de los diferentes consejos de gobiernos de este país, me dejan perplejo ¡Pues claro que es electoralista! ¿Y qué? Los hay quienes, jocosamente, predican que precisamente por esto, deberían existir elecciones cada mes. Da la falsa impresión de que el país se mueve más en los meses de precampaña y campaña electoral que en todo el resto de la legislatura, algo incierto y fácilmente contrastable. Ni siquiera en materia de contenido social se construye más en estos periodos. Lo importante es que se hace, pero no hay que perder de vista que debe hacerse bien. No hace falta recurrir a lo más recóndito de nuestra memoria para rememorar el “Plan E” (FEIL 2010) de Zapatero, o los 400 euros del IRPF del mismo ex presidente. Estas medidas, que también fueron electoralistas, perjudicaron gravemente a la ya maltrecha economía española. Y ahora ¿Nos encontramos ante un caso igual? Los expertos cifran en 20.000 millones, un 2% del PIB, el coste de todo lo anunciado por Soraya la semana pasada, y esto lo hace pese a que la UE nos evidencia un incumplimiento del déficit objetivo. Además, lo que se entiende como inversión realmente no lo es, puesto que el grueso de toda esta gigantesca cifra lo van a deglutir las autonomías, más del 85%, es decir casi 18.000 millones irán destinados al Fondo de Financiación de las Comunidades Autónomas, fondo del que también disfrutan los ayuntamientos. Y como botón de muestra de las prioridades “electoralistas”, bastará saber que el crédito extraordinario para el impulso de la ciencia, la tecnología y la innovación es de 95 millones de euros, es decir, ni siquiera el 75% de lo que recauda la DGT con los radares de velocidad en un año. O sea, que de electoralista, más bien poco. tespectivas, por eso de interrumpir el sueño de los niños.





