Se escucha en todas y cada una de las tertulias de análisis político. Se argumenta por parte de sesudos catedráticos de las más variadas disciplinas universitarias. Se promociona sin fin como un objetivo anhelado por la sociedad española. Se dibuja como la perfección largo tiempo buscada de la democracia representativa. El fin del bipartidismo ha llegado (sic), sentencian los gurús del nuevo futuro. “Delenda est Monarchia”, decia Ortega y Gasset en 1930, la monarquía debe ser destruida. Y a ello se dedicaron.
Y sin embargo... pocos de los anteriores aludidos dedican ni tan siquiera un minuto de su tiempo a analizar las bondades del sistema político que hemos vivido hasta nuestros días desde la recuperación de la democracia, ni tampoco se hace una siquiera ligera prospección de las consecuencias de un orden distinto de cosas... Y por supuesto tampoco se deja margen para que los ciudadanos, aquellos a los que se dirigen sus deliberaciones, se pronuncien sobre el asunto. El asunto se da por hecho , pareciera que en democracia las elecciones fueran un mero trámite.
Yo sin embargo creo que mucho queda por hablar. Mucho y ante todo y sobre todo debe ser hablado por los españoles. Los mismos que hasta ahora y elección tras elección han sido los que han designado a sus representantes en Cortes. Los que ellos han deseado. Y los únicos que realmente representan a día de hoy ( por mucho que le pese al Gurú/Salvador Iglesias) a los españoles.
Y habrá que explicar con libertad que nuestro sistema político, el surgido del proceso de recuperación de las libertades que cristalizó en la Constitución de 1978, ha sido el que ha conducido a España al periodo de prosperidad y bienestar mas amplio y profundo de toda su Historia. Que ese sistema en el que , como ya he dicho porque así lo han querido los españoles, han gobernado sucesivamente el centro-derecha y la socialdemocracia ha conseguido las mayores cotas de libertades públicas que esta vieja Nación haya nunca conocido. Que gozamos de un sistema de servicios públicos que son la envidia de la mayoría de los ciudadanos del resto del mundo y que muchos queremos conservar y mejorar. Que disponemos de una sanidad publica y gratuita de máxima calidad, que todos nuestros hijos reciben escolarización y posibilidades de formación con igualdad de oportunidades. Que España ha progresado en estos últimos 30 años a una velocidad increíble, asombrando a los países de nuestro entorno.....Y que esos logros, entre muchos otros, son fruto del esfuerzo de los españoles y, también es justo reconocerlo, de la iniciativa de las fuerzas políticas mayoritarias a lo largo de estos años. Esas fuerzas políticas a los que ahora algunos Salvadores de la Patria quieren condenar a la jubilación anticipada porque quieren para si (y sin el voto aun ) el poder.
Y habrá que explicar a los españoles las virtudes y los beneficios de la estabilidad , y las bondades de que una fuerza política mayoritaria sea capaz de gobernar, es decir que sea capaz de hacer aprobar leyes por el Parlamento. Estoy convencido que los españoles no quieren para su país sistemas supuestamente mas representativos de la diversidad política como, por ejemplo, el italiano en el que su parlamento se divide en multitud de pequeños partidos a los que se es incapaz de poner de acuerdo y que abocan a ese bello país a constantes crisis políticas, a innumerable elecciones y a que no sea posible llevar a cabo políticas sólidas y permanentes en el tiempo y que son imprescindibles en los malos momentos.
En fin, estos nuevos partidos recién llegados, nacidos de la legitima frustración de muchos ciudadanos con las medidas adoptadas en los años mas duros de la crisis, de los alarmantes casos de corrupción descubiertos y que están siendo juzgados, y también de un cierto agotamiento institucional, no han sido todavía capaces de proponer alternativas que sean mas eficaces que el sistema que hemos puesto en práctica hasta ahora. Lo dicho: los experimentos...con gaseosa.





