Las urnas no son la garantía de la voluntad de los ciudadanos. La escasa participación y lo repartido de los votos, convierte a los no votantes en la mayoría. Los electores quedándose en casa, deciden pasivamente que no gobierne ninguno de los partidos presentados.
La democracia, con la ley electoral, es una forma imperfecta de legitimar gobiernos, sobre todo cuando las listas más votadas son despreciadas por pactos entre perdedores o por el transfuguismo, pero ¿Conoce usted alguna forma mejor de legitimar gobiernos?
La modificación de la ley electoral que ahora aborda el PP, pretende que el alcalde sea el más votado. Esta modificación es, a priori, una garantía legal para no torcer la voluntad que los votantes depositaron en las urnas. Desconozco cómo van a garantizar que esto sea así, puesto que la figura de la moción de censura siempre estará presente, lo que hará que algunos alcaldes duren menos que un pastel en la puerta de un colegio. La negativa a esta modificación que los populares están obteniendo del resto de partidos políticos saca a luz pública cuales son los verdaderos intereses de esos partidos: sentar sus posaderas en los mullidos sillones del gobierno aun en contra de la voluntad de los ciudadanos. Y ojo, que cuando uno carece del principio ético de no violar las voluntades ajenas ¿Qué les impedirá hacerlo más veces? Los turbios asuntos de pactos contra el partido más votado, los tránsfugas, los cinturones sanitarios, o los pactos del Tinell, son acciones propias de intolerantes, golpistas descafeinados que se valen del sistema a modo de quinta columna con la intención de hacer prevalecer sus intereses particulares, que normalmente pasan por cuentas bancarias en Andorra y Suiza. En la modificación de la ley hay una determinación de mejorar la legitimidad democrática e identificación de los gobiernos con la voluntad de los ciudadanos. Modificación que, hoy día, beneficia al Partido Popular puesto que estas son las listas más votadas y contra las que se realizan más pactos antidemocráticos.
Esta modificación es una prueba de fuego para una oposición que hasta ahora solo se ha mirado al ombligo para hablar de democracia. Es una cuestión dicotómica: o se está a favor de la democracia, o en contra; o a favor de la voluntad de un pueblo, o con la intención de torcerla. Algunos ya se han pronunciado. Tomen nota.
Claro que, también habría que legislar para evitar una violación más flagrante de la democracia, que es el caso muy extendido de incumplir los programas electorales con los que los alcaldes fueron elegidos. Quizá, debamos comenzar a pensar que los alcaldes son herramientas para implantar un modelo de ciudad, y antes de garantizar el gobierno del alcalde más votado, garantizar el cumplimiento del programa mediante leyes de responsabilidad política como ya existen en otros países de la Unión Europea.





