En psicología hay una terapia reconocida contra las fobias, y es la de enfrentarse a esas aprensiones sin componendas, cara a cara. Y llevado por ese ánimo es por lo que, para la reunión del mes de Abril del Club de Lectura de la Biblioteca Pública del Estado, decidí apretar los dientes, armarme de determinación y dejar atrás mis prejuicios, ya que me las iba a ver con una de mis más denostadas aversiones: un best-seller;
uno de esos libros de los que no cabe esperar grandes alardes literarios, ni complejidades filosóficas, enfocados al entretenimiento fácil, llenos de tópicos, estereotipos y personajes cliché y que por tanto, no suelen resistir un análisis medianamente profundo de su contenido.
Bromas aparte, ni que decir tiene que leer cualquier libro resulta un excelente reconstituyente para el espíritu en la inmensa mayoría de los casos ( aunque se me ocurren algunas excepciones…), y por supuesto, el gusto de cada lector siempre vendrá dado por lo que espere encontrar en cada libro o crea que esa obra puede aportarle , ya sea porque vaya en busca de puro entretenimiento, o de un desafío más intelectual.
Así que, para tan ardua tarea, en esta ocasión se habría de elegir a un autor que además de tener una larga trayectoria, fuese capaz de despertar cierto interés entre los que no lo habíamos leído nunca y nos brindase, al mismo tiempo, argumentos intrincados, dosis elevadas de intriga política e historias de espías. Y para eso nadie mejor que John le Carré.
En Una verdad delicada, su última novela publicada , el autor nos sitúa en Gibraltar, donde se gesta una operación antiterrorista, llamada operación Fauna, en la que colaboran distintos tipos de servicios de inteligencia, privados y gubernamentales, que tienen como objetivo capturar y secuestrar a un traficante de armas yihaidista. El Subsecretario de Asuntos Exteriores de Su Majestad, Fergus Quinn, será el encargado personalmente de dirigir la operación junto a ciertos colaboradores que él mismo ha seleccionado. La operación es llevada a cabo bajo el máximo secreto y sus resultados guardados confidencialmente de tal forma que ni siquiera Toby Bell, asistente personal de Quinn en esos momentos, tiene acceso a la información. Pero Toby Bell no sólo es consciente de que algo turbio está ocurriendo, sino que sospecha que algo muy grave se esconde alrededor de esta operación. Tres años después, Toby Bell recibe una carta de un diplomático británico jubilado, sir Christopher Probyn, en la que lo emplaza a mantener una reunión privada. El fruto del encuentro será el comienzo de una investigación que revelará lo que realmente ocurrió la noche en se llevó a cabo la operación Fauna.
Ese es básicamente el hilo argumental que nos propone le Carré, claro está, ejecutado con su particular estilo y repleto de conspiraciones en la sombra, grabaciones ilícitas, muertes más que sospechosas, identidades falsas, secretos y reuniones clandestinas que se enmarañan en una trama cada vez más impenetrable y oscura.
Para la mayoría de los miembros del Club de Lectura ese argumento tan intrincado, repleto de personajes y de continuos saltos en el tiempo, se nos hizo difícil de seguir (personalmente yo comencé a ver algo de luz pasada más de la mitad de la novela…), coincidiendo además en la apreciación de que su lectura adolece también de cierta falta de frescura, ( y es que quizás eso de estar supeditado a publicar cada dos años una novela, solo ayuda a convertir la cultura en pura mercancía). Nos resultó, por tanto, una novela solo recomendable para los muy adeptos a John le Carré, e incondicionales de su pulida prosa de sintaxis compleja.
En cambio, en lo que sí acierta esta novela es en dejar entrever, con gran maestría, una abierta crítica a las actuaciones encubiertas de los gobiernos y a la impunidad con la que suelen cometer todo tipo de atrocidades, consiguiendo además, que con el tiempo, ninguna de ellas logre jamás salir a la luz pública. En ese sentido resulta muy interesante la solidez con que aborda el autor esa nueva industria, la de las colosales empresas de seguridad privada que actúan por todo el mundo, y ofrecen, todo tipo de “servicios” paralelamente y con el beneplácito de los estados, y en la mayoría de los casos, siendo parte interesada del conflicto en el que se ofrecen a intervenir. A estas alturas no desvelamos ningún secreto cuando decimos que uno de los mayores avales que aporta John le Carré a sus novelas es el enorme y exhaustivo conocimiento que posee acerca de los servicios secretos ( durante la Segunda Guerra Mundial fue oficial de la Inteligencia Británica), no en vano su novela “El espía que surgió del frío” ha sido considerada la mejor novela de espías de la historia. Pero el modelo de espía que él propone en sus obras es el contrapunto al James Bond de Ian Fleming; sus protagonistas son íntegros , honrados y con unos principios morales muy sólidos, y quizás por ese mismo motivo son perdedores natos, inmersos como están en un mundo tan corrupto e inmoral como el de las intrigas políticas.
Mención aparte merecen las hábiles y precisas descripciones que elabora le Carré de los lugares y de los protagonistas, así como uno de sus puntos fuertes: los diálogos. A través de ellos el autor va marcando el carácter de los personajes e imprimiendo ritmo a la novela, que va in crecesdo hasta culminar en un final en que, por fin, se manifiesta todo lo sucedido.
En ese sentido Una verdad delicada, sí que se aleja de esas novelas cuyo criterio de creación y producción son exclusivamente las ventas masivas, y cuya única aspiración es proporcionar productos ligeros y de poco calado al gran público para su fácil consumo. Detrás de su evidente exigencia estética y conceptual, además , en la novela de le Carré podremos encontrar lo que a mi juicio supone uno de los cometidos primordiales de la verdadera literatura: nos ayuda a indagar acerca de los múltiples sentidos de nuestra compleja existencia.





