Supongamos que una persona me ha detraído 7.000 euros, pero se niega a devolverlos. Dialogo con ella, pero no está dispuesta a su devolución. La demando. La sentencia la obliga a devolver el dinero, pero se niega. Vuelvo al diálogo, pero es inútil; sólo me queda ejecutar la sentencia. El Contencioso de Gibraltar es idéntico, pero nuestro Gobierno tiene miedo cerval a tratar el asunto con la firmeza debida y, en su lugar, cree cumplir con su obligación centrando su débil amago de fuerza en daños colaterales que afianzan, cada vez más, la posesión ilegal, que es el fondo del Contencioso. La sentencia de las Naciones Unidas de 1.946, dictada en referendum, ordena la devolución del Peñón, y, tras las solicitudes posteriores sin éxito, sólo queda tramitar su ejecución.
El diálogo hoy, es absurdo. Los ingleses hubieran actuado con fuerza y razón si el asunto hubiera sido al revés (que España hubiera usurpado en 1.703 una pequeña población al sur de Inglaterra) y concurriendo idénticas circunstancias ¿Alguien cree que actualmente España seguiría poseyendo esa colonia en Inglaterra? NO. Todo es cuestión de razón y fuerza; nosotros tenemos lo primero, pero siempre nos ha faltado lo segundo. Además, el Tratado de Utrech dice que la frontera debe permanecer cerrada “para impedir la introducción fraudulenta de mercaderías por la vía de tierra”, y esa introducción fraudulenta continúa, por lo que la interpretación de la Ley es coincidente, ayer y hoy. Inglaterra, incluso, se niega al diálogo ofrecido, torpe e inoportunamente, por nuestro Gobierno; si no se hubiera abierto la Verja después de 13 años cerrada (han pasado 30 años) hoy se habría terminado el Contencioso. Hay que cerrar la verja y demandar, como mejor proceda en Derecho, la ejecución de la sentencia ¿Diálogo, después del dictado de una sentencia a la que desobedece la soberbia, prepotencia, arrogancia y fuerza irracional demostrada y reiterada, en este caso, por los ingleses? ¿Para qué?





