Desde Ribadeo (Lugo) y como lector de El Faro Digital, como amante de la ciudad de Ceuta y sobre todo como amigo de la familia Becerra Lago, y en especial del patriarca de la familia, mi querido Serafín, quizá mi segundo padre y en reconocimiento a él y a toda su familia y después de leer el escrito tan emotivo de Antonio Guerra y todo lo que se lleva publicado en este diario desde su fallecimiento, solo me cabe dar las gracias a todos los que de una forma u otra le rinden un homenaje póstumo, que a mi humilde juicio se le debió hacer en vida.
De Serafín mucho podría escribir si tuviese cualidades para ello. Valenciano de origen gallego como yo, padre de Boiro, madre de Mugardos y parte de su familia en Santa Uxía de Ribeira, tuve la ocasión de conocerle desde hace 13 años y en innumerables ocasiones y telefónicamente tenía un gran contacto con él a través de su hija Clara y su esposa África. Desde aquel momento, y no sé si por empatía gallega o por otra causa, me acogió incluso como a un hijo más, demostrándome su cariño, generosidad y la legalidad que este hombre tuvo en su vida.
Hace dos años, por las Navidades, tuve la ocasión de pasarlas con él en la ciudad de Ceuta y en un paraje tan maravilloso como es el Monte Hacho, con toda su extensa familia y, la verdad, hizo que me enamorase de esta ciudad y sus gentes tan queridas para él, lo que hizo que volviese de nuevo y haré siempre que pueda.
La humanidad de este hombre –como alguien escribió en este periódico– cuando te estrechaba la mano queda para mí con un recuerdo imborrable, y a pesar de todo, en cierto modo, y por el amor que sentía por él, no quería que este hombre en su ancianidad sufriese en vida lo que a todos nos pasará llegados a esa edad. Por ello, y sin asimilar todavía su fallecimiento, creo que al igual que a mi padre, suspiré y quise que llegada la hora que a todos nos espera este hombre, tan fuerte durante su vida, por lo menos no sufriese o quedase mermado de sus facultades en sus últimos años. Siempre me quedará la pena de que este hombre, como dije, de origen gallego, no llegase a conocer la Galicia que a él le hubiese gustado conocer, pero sí sé que eso lo dejó en un segundo plano, ya que su pensamiento, siempre fue su Ceuta, esa Ceuta que en tiempos tan difíciles y curiosamente dirigidos por otro gallego tanto quiso y tanto defendió.
Dicen en mi adorada Galicia que o home e de donde pace, non de nonde nace, y él lo llevó como estandarte a lo largo de toda su vida, ayudado por su esposa y su ímpetu tan, a veces, quizá impulsivo por traer todo lo posible a esta ciudad. Compañero de mi vecino Leopoldo Calvo Sotelo, amigo de Adolfo Suárez y de muchas personas que en aquel momento dirigían nuestro país, nunca tuvo miedo y siempre, en términos marineros, fue el primero de proa ante los problemas o peticiones que en el Parlamento hacía, sin pensar en consecuencias que a veces le produjeron situaciones difíciles en aquellos tiempos.
Escribo con el corazón y no quiero hacerme más extensible. Humildemente, espero que el pueblo de Ceuta le recuerde como la persona grande que fue, y que no se olvide, es ser de bien, que al igual que en mi Ribadeo querido se recuerda a Leopoldo Calvo Sotelo por lo que hizo por nosotros espero que el pueblo ceutí haga lo mismo con mi querido amigo Serafín Becerra Lago.
A su esposa, hijos, nietos y biznietos y a todo el pueblo ceutí, un abrazo de parte de un simple ribadense que tuvo la suerte de conocer a este hombre, y de nuevo a todos los componentes de El Faro de Ceuta y al señor Antonio Guerra.





