EN HAMBURGO
Las tropas reunidas ya con las que han llegado de España quedan acantonadas guarneciendo Hamburgo donde pasarán el invierno.
Los oficiales y tropa son alojados de acuerdo a la disponibilidad y medios de quienes los acogen, lo cual produce quejas y descontentos dadas las diferencias entre los mismos. También se acusa el cada vez más bajo nivel de socorros a las tropas, ya que Francia no les suministra pan pese a la promesa del Emperador. Se debe asistir a las tropas con su sueldo, reteniéndoseles además una cantidad debido al consumo de prendas menores en el viaje de ida. Las relaciones entre las tropas y la población no son malas llegando a convivir amigablemente, sólo el creciente despecho a los franceses dará lugar a nuevos incidentes, llegando a sobrevenir encuentros con arma blanca.
Es destacable la sorpresa y curiosidad de la población autóctona ante las costumbres exóticas de estas tropas meridionales: el uso de paraguas, no beben cerveza o schnaps sino vino, la arraigada costumbre de fumar cigarros liados con papel blanco, su afición a los juegos de naipes y de azar. La realización como diversión de diversos ejercicios físicos como los castillos y pirámides humanas subiéndose unos encima de otros hay dos regimientos catalanes-, carreras y lanzamientos de bolos, que harán las delicias de la chiquillería local que incluso llegarán a imitarles en sus juegos, además de canciones y bailes, esto último queda reflejado en la iconografía de los hermanos Suhr en las láminas del Burgués de Hamburgo donde se puede observar que la guitarra española también forma parte del equipo. La oficialidad además participará de la vida social de Hamburgo asistiendo como invitados a actos y recepciones.
En este periodo al mariscal Bernadotte general en jefe del heterogéneo conjunto de tropas de ocupación de Hamburgo, se le atribuye la célebre frase dirigida al Marqués de la Romana tras revistar a las unidades españolas y ver evolucionar al Regimiento de Algarve: “… con estas tropas entraría en el mismo infierno y expulsaría de él al mismo diablo...”. Tal impresión debieron causarle que eligió para su propia Guardia personal y para desgracia de ellos ya que no regresarían a España, a dos compañías de ganaderos de Guadalajara y Zamora así como dos secciones de Caballería de Línea del Rey e Infante. También el Rey Maximiliano de Baviera elogiará a las tropas cuando tras revistar en Wilheim al Regimiento de Zamora comenta: “A la vista de estas tropas comprendo las grandes hazañas de los ejércitos de Carlos V, y veo que estos soldados son capaces de repetirlas”.
Independientemente de estos hechos más o menos cotidianos la situación va a cambiar pronto, los acontecimientos en España se suceden de manera inexorable y, poco a poco, mediante el correo recibido y la prensa tanto francesa como española, llegan las noticias de los sucesos del Escorial a finales de 1807, más tarde, en abril las del Motín de Aranjuez y caída de Godoy, celebrada por todos los miembros de la Expedición. Todo esto va creando cierta agitación en el personal sobre todo cuando no hay noticias. Bernadotte se da cuenta de ello y se lo notifica al Emperador temeroso de que la postura del ejercito pueda cambiar ya que no le son tan incondicionales como antes. Napoleón antes de tomar ninguna decisión escribe a su mariscal solicitándole información sobre el partido que van tomando los españoles. Tras haber obtenido respuesta y en vista de cómo van evolucionando los sucesos de España ordena la dispersión disimulada y la vigilancia de las tropas aislándolas en pequeños destacamentos entre las islas danesas para evitar una acción conjunta de todo el cuerpo de ejército. Para llevarla a efecto Bernadotte tomará el mando del cuerpo de ejército que está ocupando Hamburgo: franceses, españoles y holandeses. Entre el 11 y el 17 de marzo se efectúa la salida en cuatro columnas siendo de la primera la vanguardia francesa seguridad de una división española al mando de don Juan Kindelán, detrás de esta la división Bouder, la otra división española cerrara la marcha al mando del brigadier Salcedo. La división Dupás francesa y las tropas holandesas vienen detrás para asegurar las comunicaciones. El 20 de marzo se establece el Cuartel General español en Nyborg donde permanecerá el marqués de la Romana junto a Bernadotte. Este, siguiendo las directrices del Emperador intentará convencer y ganar para la causa francesa al jefe de la expedición española. Mientras tanto aparece un contratiempo cuya consecuencia será que la invasión será pospuesta, el deshielo se ha anticipado y la flota británica va tomando posesión de las aguas del estrecho, para los franceses no hay posibilidad de cruzarlo sin enfrentarse a los británicos. Se ocupan entonces los territorios daneses y se lleva a cabo la dispersión del ejército español a través de las islas. Durante los meses siguientes el marqués de la Romana, por una parte acatará las consignas de los franceses y mientras tanto habiendo recibido ya noticias desde España a través de los británicos y de la Junta Central que le envía emisarios para ponerle al corriente de los acontecimientos -2 de mayo, entronización de José I etc. – irá preparando la evasión. Otros como Kindelán irán tomando partido por los franceses y el nuevo rey.
Al margen de estos acontecimientos y paulatinamente, las topas se van integrando en la vida cotidiana de los daneses, que, en un principio, reciben con bastante temor a los españoles ya que no han tenido nunca contacto con ellos, y al final lo que se produce es una confraternización incluso mayor que la que hubo en Hamburgo, aparte de las consabidas pendencias con los soldados franceses. Todo ello está debidamente contrastado en multitud crónicas y documentos daneses que reflejan el día a día de los soldados y la población.
Finalmente sucederán los acontecimientos que dieron fama a la expedición: la sublevación de los granaderos de Guadalajara y Asturias que no quieren acatar el juramento al nuevo rey José y que hacen huir al general Fririon disfrazado para salvar su vida y a un oficial que no quería vestirse de danés ya que el uniforme era rojo como el de los Británicos. El suicidio del capitán Antonio Costa de 41 años, militar y aventurero, sometido su regimiento, el de Algarve, al cerco de los franceses, que les intiman a la rendición. Se acercará primero a Bernadotte solicitando una capitulación honrosa que le es denegada, se dirige después al comandante de las tropas francesas, asumiendo toda la responsabilidad de la huida de sus tropas y solicitando el respeto hacia sus soldados, ante la negativa de estos se vuelve dirigiéndose a sus soldados pidiéndoles su perdón por no obtener su libertad para acto seguido descerrajarse un tiro de pistola en la cabeza. Sus últimas palabras serian: “Dad mis recuerdos a España de parte de Antonio Costa”. Su tumba es mantenida y honrada por los daneses en Federicia cuyo recuerdo y admiración todavía mantienen vivo y cuyo epitafio es esta última frase. Más personajes surgirán: Robertson espía británico e intermediario en las negociaciones entre los españoles y la flota del almirante Keats, la aparición del Victory, ahora al servicio de los españoles, el subteniente Fabregues y los sucesos con los barqueros que le llevaban a la flota británica para entablar conversaciones. El cambio radical de Kindelán, el hábil doble juego del marqués de la Romana y más personajes que harán de este último y heroico periodo para España, casi una aventura novelesca.





