El Ministerio del Interior debería dejar claro qué Guardia Civil quiere en Ceuta y, en concreto, qué Servicio Marítimo. Sin medios no se puede trabajar, sin recursos suficientes no se pueden conseguir resultados.
Una vez que obtengamos la sinceridad del señor ministro podremos entender por qué suceden las cosas que suceden y por qué los silencios mandan más que las verdades.
En este mundo las piezas siempre encajan, tarde o temprano encuentran el hueco perfecto. Puedes engañar durante años y años al personal, pero a uno mismo resulta complicado.
Eso de que hay que esperar a que los toros pasen por delante es cierto, solo hay que coger asiento preferente y esperar. El tiempo pone cada cosa y a cada uno en su sitio, tarde o temprano.
En una ciudad como Ceuta no se puede tener un Servicio Marítimo en estas condiciones. Ya no solo por imagen, sino por la garantía que se debe ofrecer a un ciudadano que espera tener una unidad con los medios suficientes como para no quedar atrás en una persecución a petaqueros o a quienes están alimentando el tráfico de estupefacientes.
También para salvar vidas sin poner en riesgo ni al rescatado ni al propio agente.
No parece que sea lo más serio ir tirando con parches, tener embarcaciones atracadas porque no alcanzan la velocidad suficiente o apadrinar novedades que no sirven más que para sacar una foto.
No es serio. Con la de tragedias que tenemos a nuestras espaldas no se puede permitir dar un espectáculo tan bochornoso, mentir o dejar que una unidad que arrastra una hemeroteca brillante de servicios soporte hoy esta situación.
Los silencios no son buenos. Mucho menos en este caso.






