Haciendo uso de una lengua peninsular dulce y muy querida, el gallego, introduzco este artículo que no quiere eludir, por tanto alude a un admirado opinante melillense, Don Francisco Roldán.
Me lo he pensado un poco esta mañana sabatina cuando he leído su artículo en el diario “Faro de Melilla”, Noticias con Retranca, pues soy seguidor entusiasta y respetuoso con sus reflexiones y testimonios. Al final me he dicho, bien vale que por primera vez en siete meses de colaboraciones a mi aire, responda para aclarar ante posibles equívocos y susceptibilidades.
Cuando utilizo la palabra, el término o vocablo castellano viejo “retranca” en un contexto, no pienso en sus noticias, no invado su terreno propio, no suplanto lo ajeno, por ser la lengua patrimonio colectivo de quienes la usamos. Me refiero en un sentido humorístico a una revista que existe, que se llama así, que leo y que me ilustra creándome a veces dudas razonables , no teniendo poder para contactar y montar entrevistas con nadie., que mas quisiere.
Cada cual es libre de escribir como quiera y lo que quiera, con intención disimulada, oculta, desde la recámara o trastienda, con doblez o con reservas, con dosis de galga, ataharre o freno. Uno es dueño de sus situaciones y las administra, decide qué y con qué estilo transmitir acertando, pasando inadvertido o meando fuera de tiesto; al menos eso ha de crear la duda y si cabe reconocer los errores.
Es fácil caer en actitudes quisquillosas, afectibles, con más o menos recelo argumentado. Uno puede mostrarse vidrioso, puntilloso, irritable y suspicaz, viendo en una segunda lectura serena la escondida y literaria versión intencional del que te provoca sin intención directa.
Quede claro no he pretendido con el uso de “retranca” invadir espacios ajenos, aludir con intención, minusvalorar. Vaya por delante mi respeto, esperando su justo juicio, en este texto aclaratorio breve que pretende, por corto y conciso, ser bueno. Al menos con esa intención lo hago.
Sr. Roldán, créalo, mi afecto y respeto. No es mi estilo entrar en provocaciones que no lo han sido, respetando profundamente por así mamado, la libertad de opinión, lo que no nos exima de la sana y necesaria argumentación cuando corresponda, y discrepancia, que no lo es en este caso.





