La amenaza de lluvia en la Mochila no es una circunstancia extraordinaria. Todo lo contrario, es casi un acontecimiento que el 1 de noviembre haga sol y calor. Pero lo que ocurrió ayer en Ceuta sí que tuvo ese carácter extraordinario, no solo porque era mucho más que lluvia, -hablamos de una alerta naranja en el estrecho con viento y fenómenos costeros también-, sino por la acertada decisión que se tomó por parte de las autoridades de desalojar las zonas que tradicionalmente se usan para acampar e intentar minimizar los riesgos.
Hay que tener en cuenta que La Mochila hace mucho que dejó de circunscribirse a un único día, sino que se aprovecha el ‘puente’ y el fin de semana para trasladarse en tiendas de campaña y pasar un par de noches casi a la intemperie. Es una actividad que gusta mucho sobre todo a los más jóvenes, por lo que de libertad entraña, pero que no está exenta de riesgos.
En esta ocasión también los servicios de emergencia han estado a la altura de las circunstancias. Todos ellos pasaron la madugrada informando a los campistas de que tenían que marcharse y de que se iban a cortar los accesos al monte para evitar males mayores. Decisiones acertadas y que seguramente evitaron ayer preocupaciones y dolores de cabeza a muchos padres.
Se ha tratado de una decisión acertada, nada exagerada, como luego se pudo comprobar por la gran cantidad de lluvia, y que debe entenderse como tal.
Restringir ayer la circulación por la zona, en la que también estaba trabajando Obimasa por los árboles caídos y donde se produjeron corrimientos de tierra ha sido otra de esas decisiones inauditas pero con la que se contempla la prudencia, seriedad y rigor con la que deben organizarse y coordinar dispositivos como éste.





