Un mentira, por más que se repita de forma insistente, no terminará nunca de convertirse en verdad. No obstante, la repetición de esa imagen no ajustada a la realidad puede llegar a generar una costra social tan difícil de romper que la lucha de unos pocos termine viéndose ahogada en un mundo de mitos.
Esto es precisamente lo que sucede con los MENA y su obcecada vinculación con el mundo de la delincuencia. Las estadísticas demuestran lo contrario: los delitos son cometidos en su amplia mayoría por nacionales. Además son ellos los que atesoran una mayor tasa de reincidencia y cometen las acciones delictivas de mayor gravedad. Los delitos cometidos por extranjeros son menores en número y en ‘calidad’, además de que no todos esos extranjeros son MENA, puesto que hay un grueso que entra en Ceuta, comete el delito y se marcha o se integra en una población flotante ajena a cualquier control. El Área de Menores junto al equipo directivo del centro ‘La Esperanza’ están trabajando en inculcar modelos y pautas educativas con el objetivo de lograr la inserción social de los MENA. Un trabajo complicado no solo por dentro, ya que choca frontalmente con una extendida concepción social sobre estos menores que, además de ser incierta, es injustamente engrandecida por entidades que, de forma irresponsable, no ayudan precisamente a enmendar los errores. Ceuta tiene un compromiso por delante con la inmigración adulta, pero también lo tiene con la infantil. Ésta última no ha conseguido avanzar en la integración necesaria, disponiendo de un centro de acogida que, por ejemplo, debería tener mayor calado entre la población y no ser entendido como algo abstracto, perdido en el extrarradio o incluso como una amenaza para el resto. Esa ni es la realidad que hay ni es la que debemos fomentar.





