La obra teatral de Máximo Valverde y Eva Santamaría sirvió de homenaje para un arte muy tradicional, el andaluz, ante un auditorio repleto
Avanza el tiempo, los padres se hacen abuelos, nacen nuevas generaciones, las tendencias cambian. Pero siempre queda, por gigantesco que sea el progreso e implacable el peso de las nuevas costumbres, el aroma de la tradición más profunda, el sentir de los pueblos y sus antepasados. Así, sumergidos y acaso invadidos por modas foráneas, que, no obstante contribuyen en buena medida a hacer a las personas más ricas y cultas, ocurre a veces que la idiosincrasia de cada país y región queda algo oculta e incluso postergada a un segundo plano.
Todo lo contrario sucede en ‘Con ganas de reír’, la obra teatral que representaron anoche en el Auditorio del Revellín Máximo Valverde y Eva Santamaría, un verdadero homenaje a la Andalucía más popular, la del flamenco y el llanto; la de los toros y los patios de corrales; la de los poetas callejeros y los versos de tabernas recitados con el deje sevillano; la que ‘nunca morirá’, como rezaba uno de los carteles del atrezo. Andalucía llega hasta el Revellín, pues.
Dueños de sus personajes, tanto Valverde como Santamaría, dominaron a sus personajes con arte y perfección, caminando por el escenario –una especie de tablao flamenco, con una silla dando cobijo a un traje de luces incluido– igual que como se anda por la casa particular. Especialmente destacable fue, más allá de la propia trama, las extraordinarias dotes de Máximo para recitar y el duende y arte de Eva para cantar copla, ambos dueños de esas voces que cautivan nada más sonar.
Sirvió también la función para poner de relieve la importancia que juegan en todas las órdenes de la vida, el azar, la buena suerte, el sino correcto. Porque de un cabreo al ver que no encontraba lo que deseaba, el que tenía el personaje de Máximo, director de una obra teatral que estaba haciendo un casting para elegir personajes femenino, se pasa, poco a poco, a una fascinación por la chica que llegó a la prueba justo cuando él ya se iba, entre quejas y lamentos: pura improvisación sureña, o sea, auténtico arte andaluz. Como el de Curro, a quien anoche cantó Santamaría.









