Alarma roja en Cultura por la baja asistencia de público en los espectáculos programados desde septiembre. ‘Teatro para pájaros’, suspendido por esa causa
La escena es ya común y en ella se aprecia a un ciudadano recibir su billete recortado por el personal del Teatro Auditorio del Revellín, saludar a algún conocido, desearles buenas noches, avanzar tomado del brazo de su pareja y apreciar a continuación el lamentable aspecto que presenta el teatro.
Porque la imagen del auditorio vacío, o semivacío, es ya común, máxime desde que comenzara la temporada, a principios de septiembre. Desde entonces, el grueso de espectáculos programados por la Consejería de Educación, Cultura y Mujer, a cuyo frente se sitúa Mabel Deu, se han saldado con un infame saldo de venta de entradas y, por ende, de asistencia de público. Así, recitales flamencos, funciones de teatro, conciertos de música o espectáculos de toque circense, lo que habla de la diversidad programada, se han desarrollado desde el mes pasado sin que el público ceutí haya dado su respaldo a los artistas y, asimismo, sin que Cultura fuera capaz de revertir sobre la marcha la situación.
“La representación de la obra ‘Teatro para pájaros’, prevista para este viernes día 3 (de octubre), ha sido cancelada. Las personas que hayan adquirido una entrada puede pasarse por la taquilla del Teatro Auditorio del Revellín, donde les será devuelto el importe abonado. La Consejería de Educación, Cultura y Mujer lamenta la suspensión y pide disculpas por las molestias que pueda ocasionar la suspensión de esta representación”. De tal manera anunciaba Cultura, con un sólo día de antelación, la suspensión, sorpresiva a priori, de un espectáculo que venía avalado por crítica y público nacional. La ausencia de información acerca de la causa de que, de pronto, ‘Teatro para pájaros’ se cayera del cartel obedece, tal y como ha podido conocer esta redacción, al hecho de tapar la cruda realidad: la escasez de venta de entradas.
¿Falta de publicidad, mala estrategia en la programación, ausencia de inquietud intelectual en la población, mala calidad de los espectáculos? Las causas pueden ser variadas y, en ocasiones, pueden confluir en un mismo evento todas a la vez. Un ejemplo que puede ser gráfico ocurrió el pasado 19 de octubre, cuando a las 21:00 horas en el Teatro del Revellín dio comienzo ‘The Funamviolistas’, espectáculo innovador que combinó música, danza, canto, humor y teatro del gesto y que venía con el aplauso internacional. La trama narraba cómo tres mujeres con un presente truncado se encuentran por casualidad y construyen una vida en común que tejen la amistad, la superación y la cotidianeidad. El repertorio de la obra era a la vez banda sonora y voz de los personajes de esta historia, fórmula que invitaba al espectador a trasladarse a las películas de cine mudo. Antonio Vivaldi, Edvard Grieg, Jules Massenet, Georges Bizet, Astor Piazzola y Rita Pavone; bandas sonoras como ‘Deseando amar’ y ‘Les Triplettes’ de Belleville; y temas clásicos del jazz y el tango argentino eran los ingredientes sonoros de esta apuesta. Las entradas de anfiteatro costaban 12 euros y las de butaca, 14, es decir, precios más que asequibles para buena parte de los bolsillos. ¿El resultado, pese a los anuncios publicitarios que Cultura había realizado, cual fue? Un cuarto de entrada; o sea, más de medio auditorio vacío.
La actual situación, a la espera de que pueda cambiar, y los esfuerzos de Cultura seguro que se centran en ello, chocan con la realidad que hace justo un año vivía el Teatro: “Es verdad que estamos atravesando un momento óptimo”, señalaba entonces la consejera de Educación, Cultura y Mujer, Mabel Deu, “y el teatro está registrando muy buenas ventas en cada espectáculo programado”. Guardaba razón Deu a tenor de lo que aseguraba el asistente habitual al teatro y marcaban las estadísticas oficiales registradas: de los últimos espectáculos se habían alcanzado hasta un 90 por ciento de llenos, de modo que nueve de cada diez ocasiones el cartel de no hay billetes se había colgado bien en el Punto de Información Cultural, el de nominado PIC de Gran Vía, bien en las taquillas del propio teatro (Cultura puso en las semanas siguientes a disposición del ciudadano la venta a través de la página digital de la Ciudad).
“Poco a poco ha ido calando la idea del teatro en la sociedad”, explicaba Deu, “una realidad a la que se ha llegado en buena medida porque hemos apostado por presentar a los ciudadanos una programación basada en la diversidad, una oferta cultural en la que tienen cabida distintos estilos de música, funciones de teatro de temática variada, galas de humor o festivales de cine”, una ‘realidad’ que sólo doce meses después es una utopía, algo así como un imposible.






