El presidente de la Ciudad visitó ayer los terrenos que albergarán el futuro Parque de Santa Catalina. En plena fase de urbanización y reforestación, lo que antes era una montaña de basura pasará a ser un proyecto con futuro.
Cambiar residuos que no hacían sino una loa al más imperdonable atentado medioambiental por un Parque no puede tener más que una interpretación: estamos ante un acierto.
Se sella una etapa, la del atraso, la de la vergüenza, y se da paso a otra, la que viene a ofrecernos una infraestructura de la que podrán disfrutar los ceutíes.
Habrá senderos, zonas para estar en reunión con familia y amigos, habrá buenas perspectivas... un sinfín de beneficios en un lugar de Ceuta que ahora mismo estaba perdido. La ciudad cumple de esta manera con los apremios que llegaban desde Europa, terminando con el daño ecológico que suponía tener un vertedero como el que estuvo durante años siendo la vergüenza que todos venían al aproximarse a la ciudad. Se saca partido a una zona gracias, también, a la inyección económica procedente de unos fondos europeos que han resultado y siguen resultando claves para el desarrollo local.
Sin embargo la Ciudad debe atender los problemas de olores que siguen existiendo procedentes de la planta de EDAR. Si bien hay una inversión para terminar con ellos, esto es algo que no debe dejarse de lado puesto que puede terminar influyendo negativamente en una obra que tiene visos de ser uno de los grandes aciertos de la institución municipal.





