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Dice que las personas mayores de los alrededores necesitan tener más cerca este servicio
Antonia Marín lleva años reclamando una única cosa: una parada de autobús que le permita trasladarse desde su vivienda en la carretera de acceso al Hacho, concretamente en la zona alta del Sarchal, hasta el centro y en dirección contraria. “Yo sólo quiero que me pongan una parada para mí y todos los vecinos porque no hay ni una. Estoy muy mayor y como yo hay muchos vecinos así. No pido que me den una casa, ni me paguen comida, ni la luz o el agua, sólo que me pongan la parada”.
Esta vecina reclama lo que hace un mes colocaron en el Sarchal, una parada para los vecinos de esa zona y que terminaron de rematar recientemente. “Allí pusieron una para abajo y hace un mes la otra y cuando tenemos que trasladarnos para coger el autobús, hay que ir hasta el Sarchal”, se lamenta Antonia.
A sus 91 años, Antonia sigue luchando para conseguir que la Ciudad coloque una parada de autobús para ella y sus vecinos. Pero pese a sus insistentes reclamaciones y cartas desde hace tres años, a distintos consejeros y áreas relacionadas con esta cuestión, nunca ha recibido una respuesta positiva. “Jamás me han atendido, cuando he ido a ver a alguien su secretaria me ha dicho que no puede hablar porque está muy ocupado. Me preguntan qué es lo que quiero, se lo cuento y después me responden diciéndome que no puede ser”.
Además de esta reclamación, Antonia pide a la Ciudad que reparen el muro que separa su vivienda de la carretera con la que colinda. Las condiciones en que se encuentra no son las más adecuadas y esta vecina ha reparado las deficiencias, entre ellas un orificio, con chapas que ha ido encontrando. “Sólo pido que me den unos bloques, aunque sean de segunda mano, después yo lo pinto, y yo arreglaré mi casa, pero han dado muchos millones para las barriadas, pues que hagan una obra de caridad y me pongan un muro detrás del quitamiedos, porque la carretera no es mía”.
Los ‘apaños’ que Antonia y su familia han llevado a cabo en el muro suponen un riesgo, ya que las chapas que tapan las imperfecciones se han abombado e incluso algunas han caído con el peligro que corren los habitantes del domicilio.





