Rodeado de autoridades y amigos, Pedro Orozco presentó su nueva obra
Cuando Pedro Orozco contempla un paisaje hermoso, se conmueve y, a continuación, o posteriormente, pero siempre con la mirada aún fresca, palpa en arte lo que sus ojos captan o han captado: “Es un mecanismo automático”, confiesa el pintor entre el murmullo que recorre cada rincón del Museo de Ceuta, enclave en donde ayer inauguró su nueva muestra pictórica. “Para pintar hay que mirar y luego reflejar con sentimientos los paisajes y la luz que recojo”, añadió a continuación.
Arropado por autoridades civiles, entre las que destacaba el alcalde Juan Vivas, por familiares, amigos y admiradores, el pintor caballa fue mostrando sus treinta nueva creaciones, muy bien recibidas por su público: “Éste paisaje, y sobre todo, esta luz, es muy de Pedro”, comentó una señora que observaba junto a una amiga El balcón de La Ribera, una de las muchas piezas que dedica el pintor a un rincón de su tierra natal, nuestra ciudad.
“Al presidente le ha encantado la muestra y para mí es un honor”, decía al término de la inauguración un Orozco “muy, muy feliz” por el éxito de convocatoria: “Ha venido mucha gente y esto es un orgullo”, sentenciaba al respecto. Entre los presentes se encontraban también la consejera de Educación y Cultura del Gobierno de Ceuta, Mabel Deu; la responsable de Museos, Ana Lería; el director de la Biblioteca Público del Estado ‘Adolfo Suárez’, José Antonio Alarcón, o el presidente y editor de El Faro, Rafael Montero Palacios.
“Hay un cuadro especialmente emotivo”, señalaba Orozco, “pese a que todos tienen su historia, su momento, pero me refiero a uno en concreto: el que pinté junto a mi hijo Juan, que está terminando Bellas Artes, y que presento bajo el título Pintando el otoño.
A lo largo de cuarenta cuadros, Orozco concibe la muestra como una continuidad de aquella cita, pero también de todo lo que presentó el pasado verano en Brioude (Francia), “el salón internacional más importante del mundo para los acuarelistas”. Hasta allí acudió para exponer sus obras tras ser seleccionado por el jurado, que alabó su maestría con los pinceles. “Muchos de los cuadros que presento ahora en el Revellín son los que traigo de aquel certamen, incluso algunos pintados allí, pero también ampliados con otros nuevos”, detalló.
Quienes se acerquen desde ayer y hasta el 31 hasta el museo se reencontrarán con esa pintura tan característica de Orozco, que gira en torno al paisajismo en su doble vertiente rural y urbana. “Yo soy ante todo eso: paisajista. En mis obras no hay muchas figuras”, definió en una reciente entrevista con este periódico. Es la forma que utiliza para dar rienda suelta a un estilo claramente mediterráneo, inundado de color y luminosidad y que toma como excusa cualquier escenario, incluida Ceuta. “Soy un gran estudioso de la luz. Vivimos en una ciudad donde tenemos el privilegio de verla de cota a cero a cota cero, desde que el sol sale hasta que se pone. Eso se plasma en un espectro lumínico cambiante a lo largo del día del que no se puede disfrutar en otros muchos lugares del mundo. Somos unos privilegiados. De hecho, los ceutíes sabemos mucho de luz”, aseguró y, a tenor de lo que emanan de los paisajes que ayer presentó, Orozco, artista iluminado, pintor de sentimientos, está en lo cierto.







