El asesinato de un joven en la barriada del Príncipe marca un punto preocupante en materia de seguridad en la ciudad.
Es intolerable no llevar a cabo un ejercicio de reflexión que dé lugar a un cambio radical en materia de seguridad ciudadana. No llevarlo a cabo demostraría un vergonzante atrevimiento que esta ciudad ni puede ni debe soportar. El nuevo jefe superior del Cuerpo Nacional de Policía tiene por delante una difícil papeleta. Pero no caben excusas. Tiene dos UIP y la obligación de ejecutar los cambios necesarios para que esto funcione, cambiar y renovar a quien tenga que serlo y echar mano de una acción firme que termine por eliminar el actual descontrol imperante. Los delincuentes serán tontos pero matan, disparan buscando el asesinato, siembran de terror un barrio sobre el que no puede caer la responsabilidad de investigar. No seamos necios. Los vecinos del Príncipe no son ni investigadores ni políticos, no cabe culparles porque haya delincuentes que se ocultan en ese laberinto arquitectónico que se ha dejado crecer sin control. De igual forma, no exigimos a otros barrios que ejerciten esa colaboración que, por cierto, debe ser ganada a pulso. Y hoy por hoy las familias del barrio solo reciben un sentimiento, el de la desprotección más absoluta. Así llevan años, arrastrando problemas nunca erradicados por las administraciones con mando en plaza. A los habitantes de la barriada del Príncipe Alfonso no se les puede pedir más allá de lo que hacen, porque son los primeros a los que les gustaría vivir en un barrio tranquilo y que tuviera todas sus infraestructuras a punto, además de sus necesidades cubiertas. Pero no es así y se dista aún mucho de llegar a una media más que aceptable. Porque la dejación de muchos años ahora es imposible de mejorar en poco tiempo.
Han matado a un joven inocente, han podido matar a más, pistoleros se pasean armados sin tener miedo a nada ni nadie, hay una delincuencia envalentonada cuyos dirigentes intelectuales se nutren de jóvenes ejecutores capaces de auténticas sangrías.
La justicia necesita investigaciones bien hechas para hacer lo que todos esperamos, encarcelar a estos criminales. La Policía tiene que cambiar sus directrices sin resultados y la clase política debe validar con medios y recursos esas nuevas acciones. No podemos olvidar las declaraciones del secretario general del SUP en nuestra ciudad, hace unas semanas, donde se decía que la Brigada de Policía Judicial estaba trabajando con los mismos medios que hace veinte años. Y de esa manera es bastante difícil luego pedir resultados. Se debe hacer todo menos creer que estamos yendo por el camino adecuado.
No caben excusas, ni medias tintas, urge la obtención de resultados para demostrar, de manera clara, que el imperio de la ley no está ausente de esa barriada...
Y no por el bien del Príncipe sino por el de toda Ceuta. Esto no es un problema de unos o de otros, estamos ante germen violento que nos afecta a todos por igual. No lo olvidemos.
Engañarnos buscando frases grandilocuentes o análisis sobre la seguridad subjetiva u objetiva es intentar jugar al despiste. La realidad es la realidad y la misma no puede ser más negra ante nuestros ojos.





