Cientos de personas despiden al soldado de la USBA que falleció tras caer de un árbol. En su barriada todos le recuerdan como un vecino ejemplar “Era un vecino ejemplar y no encontrarás a nadie que diga lo contrario”. Una mujer junto a su nieto esperaba a la entrada de la Mezquita de Sidi Embarek el final del rezo para acompañar a Hassan Layassi en el tramo que separa el templo sagrado del cementerio musulmán.
Tenía 39 años cuando cayó de un árbol por causas que se desconocen y que se están investigando, cuando trabajaba en el Cuartel ‘Fuentes Pila’ donde estaba destinado desde hacía unos años. Resistió el golpe de una caída desde una altura de doce metros durante doce horas. Pero entró en coma y falleció. Los traumatismos fueron demasiado graves.
En su casa de Poblado de Regulares, donde se crió junto a sus diez hermanos y ahora vivía con su mujer y sus dos hijas, quedaban una viuda y dos huérfanas acompañadas de hermanas, sobrinas, familiares y amigas mientras los hombres lo portaban a hombros hasta la tumba en la zona baja del cementerio. Aún no se lo creen y su hermano mayor comentaba que “el destino es el que es y le ha tocado así, si hubiera sabido que por subirse al árbol iba a morir no se habría subido, no hay que pensar más las cosas”.
A las puertas de la mezquita varios mandos y compañeros de la USBA, unidad en la que estaba destinado, acompañaron a Hassan antes de que fuera trasladado al cementerio y prefirieron no hacer ningún tipo de declaración. Un día antes algunos de los compañeros que compartían el día a día con él declaraban que era muy serio y riguroso en su trabajo y que a pesar de ser un saldado todos le trataban como un mando.
Era educado, no levantaba la voz y un joven que se acercó a despedirle le comentaba que “una vez se enfadó conmigo porque tiré piedras a su casa porque había apagado las luces de la pista deportiva... decía que me iba a denunciar pero le pedí perdón y todo se arregló”. Reconoce que era muy buena persona, que nunca se metía en problemas y asiente cuando otro amigo dice que “Hassan era ante todo buena persona”. Su mujer, con la que llevaba ocho años casado, le definió como “el mejor padre, el mejor marido y el mejor hombre” mientras trataba de asimilar la perdida un día después del accidente.
Deportista, sano y siempre preocupado por su familia, nadie se explica cómo pudo caerse del árbol si era una persona muy ágil. Amante del fútbol, dejó de jugar cuando tuvieron que operarle por un problema en los gemelos pero eso no impidió que siguiera haciendo deporte en la medida de sus posibilidades.
En Poblado de Regulares los vecinos lamentan una pérdida que han sentido mucho. Un vecino bueno, educado, solidario y cuyo padre era Regular. Tras terminar el servicio militar continuó dando servicio a las Fuerzas Armadas hasta el día de su muerte.






