Hay veces en que los sindicatos de nuestra ciudad matan moscas a cañonazos. Y es que de otra manera no se pueden entender los improperios y burradas que se dijeron ayer por parte de la Unión General de Trabajadores y Comisiones Obreras en relación con los menores no acompañados que están acogidos, bajo la tutela de la Ciudad Autónoma, en el centro de la Barriada de San José. Podemos llegar a estar de acuerdo en que el comportamiento de una minoría de estos MENA, todos de nacionalidad marroquí, dista mucho del correcto (no olvidemos, como en el caso de otros menores no incluidos en este grupo), pero no es de recibo que utilicen frases que rozan no solamente la dignidad de estas personas, sino que, como dice de manera muy acertada la nota enviada por el Gobierno de la Ciudad Autónoma, llegan incluso a incitar a la xenofobia. A los dirigentes sindicales también se les debe exigir prudencia, porque están ahí representando a un colectivo de cientos de trabajadores municipales, donde se deben defender los intereses generales y no los intereses particulares. Los sindicatos han prendido una mecha que es muy peligrosa, porque piensan que tienen la razón de la fuerza y no la fuerza de la razón. Un capítulo más que lamentable el que ayer protagonizaron los responsables sindicales.





