• Contacto
  • Horarios de Barcos by Kikoto
  • Vuelos
  • Sorteo Cruz Roja
  • COPE Ceuta
  • Portal del suscriptor
lunes 14 de septiembre de 2026   
El Faro de Ceuta
  • Sociedad
  • Sucesos
  • Frontera
  • Justicia
  • Política
  • Cultura
  • Educación
  • Deportes
  • Marruecos
  • Opinión
No Result
View All Result
  • Sociedad
  • Sucesos
  • Frontera
  • Justicia
  • Política
  • Cultura
  • Educación
  • Deportes
  • Marruecos
  • Opinión
No Result
View All Result
El Faro de Ceuta
No Result
View All Result

La crisis que cambió Ceuta y que casi hemos olvidado

Por Prakash Ratán Mirchandani
14/09/2026 - 07:09
Imágenes cedidas

Compartir en WhatsappCompartir en Facebook

Han pasado treinta años y, sin embargo, hay recuerdos que no necesitan fotografías para permanecer intactos. A veces basta con volver a caminar por la Plaza de los Reyes, por la Plaza de Correos o por El Boquete para regresar a aquella Ceuta de mediados de los noventa en la que muchos de nosotros todavía éramos adolescentes y no alcanzábamos a comprender que, mientras jugábamos en la calle, nuestra ciudad se aproximaba a una de las crisis comerciales más duras de su historia reciente.

Yo pertenecía a una generación de niños de una comunidad hindú entonces rebosante de familias jóvenes, comercios y actividad. Éramos de la misma quinta y compartíamos colegio, recreos y tardes enteras jugando al escondite, al 1, 2, 3 o improvisando un partido de fútbol donde hubiera sitio. Kumar, Annu, Noni, Sanjay, Sonu, Jeetu, Rambularam, Rahul, Vishal, Bharti, Sachin, Daneshi, Puni, Pinky, Manisha, Kavita, Savika, Reshmiti, Shakira… nombres que forman parte de mi infancia y que, con el paso de los años, fueron desapareciendo de Ceuta. Canarias, la Costa del Sol y otros lugares de la Península se convirtieron en el destino de muchas de aquellas familias.

Y sí éramos conscientes de que se marchaban. Hubo despedidas. Sabíamos que algunos de nuestros amigos se iban de Ceuta porque sus padres habían tenido que cerrar sus negocios o porque ya no podían continuar con la actividad que durante años había sostenido a sus familias. Empresarios que habían trabajado por cuenta propia terminaron encontrando empleo para otras empresas en Lanzarote, Las Palmas, Málaga y otros lugares. Nosotros quizá no comprendíamos todavía la dimensión económica de lo que estaba sucediendo, pero sí entendíamos algo mucho más sencillo y doloroso: un amigo se marchaba y al día siguiente ya no estaría en el colegio, ni en el recreo, ni jugando con nosotros en la plaza.


Aquella sucesión de despedidas también terminó afectándome a mí. En 1996, con muchos de mis amigos dejando Ceuta y en medio de aquella incertidumbre familiar, la tristeza pudo conmigo y yo también me marché durante diez meses a la India. Mientras mi familia entera se quedó aquí, afrontando la crisis y tratando de sacar adelante el negocio, yo viví desde la distancia aquellos meses en los que tantas cosas estaban cambiando en mi ciudad y en mi propia familia. Después regresé a Ceuta, pero aquella experiencia quedó inevitablemente unida en mi memoria a una etapa en la que nuestra generación empezaba a dispersarse.

Ceuta había desarrollado durante décadas un modelo comercial extraordinariamente dependiente de Marruecos. Su régimen fiscal, su puerto y su posición geográfica favorecieron un importante sector importador y mayorista que abastecía un mercado infinitamente mayor que el de la propia ciudad. Miles de ciudadanos marroquíes cruzaban diariamente la frontera y adquirían mercancías que posteriormente introducían en Marruecos, en lo que con el tiempo terminamos denominando «comercio atípico».

La dimensión de aquel fenómeno no era precisamente anecdótica. Ya en diciembre de 1993 se advertía en el Congreso de los Diputados de que la mayor parte de las compras realizadas por determinados importadores de Ceuta tenía como destino Marruecos y de que una ciudad de nuestro tamaño era incapaz de absorber por sí sola el volumen de mercancías que reflejaban las estadísticas. Se trataba de un comercio basado muchas veces en grandes volúmenes, márgenes reducidos y una rápida rotación de las existencias. Dicho de otra manera: mientras la mercancía circulaba, el sistema funcionaba; si dejaba de circular, el riesgo para el empresario era enorme.


Las cifras ayudan a comprender la magnitud de aquella economía. Un estudio elaborado años después por Analistas Financieros Internacionales y la Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas, encargado por el Ministerio de Agricultura, calculó que solamente en alimentos y tabaco el flujo irregular hacia Marruecos desde Ceuta y Melilla había alcanzado los 43.310 millones de pesetas en 1994 y los 36.004 millones en 1995. Y hablamos únicamente de dos grandes grupos de productos, no del conjunto de mercancías que alimentaban aquel circuito comercial.

El año 1995, además, había sido complicado. España y Marruecos atravesaron fuertes tensiones por el acuerdo pesquero con la Unión Europea y permanecían abiertas las habituales discrepancias políticas entre ambos países. Gibraltar aparecía recurrentemente en el discurso marroquí como argumento comparativo frente a Ceuta y Melilla, aunque se tratase de realidades históricas y jurídicas diferentes. No fue Gibraltar, por tanto, la causa de la crisis comercial que sufriríamos después, pero sí formaba parte de aquel escenario de relaciones hispano-marroquíes permanentemente sometidas a altibajos.

A todo aquello se añadió la presión migratoria. En octubre de 1995, Ceuta vivió los graves Sucesos de El Ángulo, en pleno entorno de las Murallas Reales, donde un numeroso grupo de inmigrantes subsaharianos permanecía hacinado en condiciones extremadamente precarias. Los disturbios dejaron decenas de heridos y un agente de la Policía Nacional resultó herido de bala. Como respuesta, el Gobierno anunció la llamada «impermeabilización» de la frontera, con nuevas alambradas, iluminación, cámaras térmicas, visores nocturnos y un importante refuerzo de los medios de vigilancia. Días después, tras el desalojo de El Ángulo, los inmigrantes fueron trasladados al campamento de Calamocarro, que se convirtió durante meses en el símbolo de aquella crisis humanitaria y fronteriza.

Ceuta estaba cambiando y todavía no éramos conscientes de cuánto.


Pero para el comercio el verdadero golpe llegó entre finales de 1995 y comienzos de 1996, cuando Marruecos puso en marcha la llamada campaña de assainissement, literalmente de «saneamiento». Bajo el reinado de Hassan II, las autoridades marroquíes emprendieron una operación de enorme alcance contra el contrabando, el fraude y la corrupción. Lo que inicialmente se presentaba como una limpieza del sistema económico terminó convirtiéndose en una campaña de una dureza extraordinaria que alcanzó a empresarios, comerciantes y altos funcionarios, incluidos responsables de la propia Administración de Aduanas.

El fenómeno que Marruecos pretendía combatir tenía dimensiones gigantescas. Algunas estimaciones de la época situaban el conjunto del contrabando marroquí de 1994-1995 en alrededor de 3.000 millones de dólares y señalaban expresamente el enorme flujo de mercancías procedente de Ceuta y Melilla que abastecía no solo el norte marroquí, sino mercados que llegaban hasta Fez, Rabat o Casablanca. Durante los primeros meses de 1996 se sucedieron controles, barreras y operaciones contra aquel circuito.

Ceuta recibió el impacto inmediatamente.

El problema no era únicamente que se vendiera menos. El modelo mayorista necesitaba rotación. Había mercancías compradas, almacenes llenos, compromisos adquiridos y gastos que seguían existiendo aunque el comprador hubiera desaparecido de un día para otro. La campaña marroquí interrumpió bruscamente unas relaciones comerciales que durante años habían sostenido una parte muy importante del sector privado ceutí. Y cuando una economía pequeña depende tanto de una frontera, cualquier decisión adoptada al otro lado termina atravesándola, aunque políticamente se pretenda lo contrario.

Mi familia fue una de las que sufrió aquel golpe.


Mi padre tenía un negocio mayorista dedicado principalmente a ropa y otros artículos: pijamas, zapatillas, mantelería, sábanas… No éramos una de aquellas grandes familias empresariales que disponían de patrimonio inmobiliario, inversiones u otras actividades capaces de amortiguar una crisis. Éramos una familia de clase media que dependía del trabajo y de un negocio que durante años había funcionado razonablemente bien.

Hasta que dejó de hacerlo.

Recuerdo especialmente la frustración de mi padre cuando comprendió que tenía que abandonar el mundo mayorista y empezar prácticamente desde cero. Acostumbrado a otro volumen de negocio, un día resumió su situación con una frase que nunca he olvidado: cómo iba él, acostumbrado a contar billetes, a ponerse ahora a contar monedas, aquellos duros que todavía utilizábamos entonces.

Y eso fue exactamente lo que hizo.

Decidió quedarse en Ceuta y reinventarse. El negocio cambió completamente: bazar, golosinas, pequeño comercio, aquello que permitiera seguir adelante. Mi hermano mayor, junto con mi padre, tomó las riendas del negocio y, poco a poco, la familia consiguió atravesar aquellos años difíciles. No hubo ninguna épica extraordinaria; hubo trabajo, preocupación, orgullo, discusiones, sacrificios y la obligación cotidiana de abrir nuevamente la persiana al día siguiente.


Muchas otras familias tomaron una decisión diferente y perfectamente comprensible: marcharse. Y quizá sea aquí donde aquella crisis dejó una de sus huellas más profundas y menos contadas en la comunidad hindú de Ceuta. Una comunidad que hasta entonces rebosaba familias, niños y negocios vio cerrar numerosos comercios y marcharse a muchas de las personas que habían formado parte de su vida cotidiana. No se fueron solamente empresarios; se fueron matrimonios, hijos, hermanos, amigos y generaciones enteras que comenzaron de nuevo lejos de la ciudad en la que habían construido su vida.

Para una comunidad relativamente pequeña como la nuestra, aquella salida se notó de una manera enorme. Cada negocio que cerraba no significaba solamente una persiana menos; muchas veces detrás venía una familia que preparaba las maletas. Y cuando esas familias se marchaban también desaparecían compañeros del colegio, vecinos, amigos de nuestros padres y niños con los que habíamos crecido. Parte de aquella comunidad hindú numerosa y llena de vida se dispersó por Canarias, Málaga, la Costa del Sol y otros lugares de España. La comunidad que quedó en Ceuta fue haciéndose mucho más reducida, y quienes conocimos la de aquellos años todavía podemos percibir hoy ese vacío.

Por eso, cuando recuerdo la crisis de 1996, no recuerdo solamente estadísticas económicas. Recuerdo ausencias.


Treinta años después vuelvo inevitablemente a aquellos años porque Ceuta atraviesa nuevamente una grave crisis fronteriza. Sería un error afirmar que estamos ante la misma situación que en 1996: no lo estamos. Las circunstancias son diferentes y también lo son sus dimensiones migratoria, humanitaria, económica, social y de seguridad. Pero hay un paralelismo que me resulta difícil ignorar: una ciudad pequeña y extraordinariamente vulnerable a cuanto sucede a su alrededor vuelve a vivir momentos de tensión e incertidumbre que afectan a la confianza, al comercio, a la hostelería, al turismo y, sobre todo, a la percepción que los propios ceutíes tenemos de nuestro futuro. Más allá de interpretaciones políticas o de cómo cada cual quiera denominar lo que está ocurriendo, creo que existe un deseo mucho más sencillo que compartimos muchos ceutíes: recuperar nuestra normalidad, vivir con seguridad y tranquilidad y continuar siendo esa ciudad en la que distintas culturas y comunidades hemos aprendido a convivir en paz.

En 2026 volvemos a escuchar conversaciones que me resultan inquietantemente familiares: empresarios preocupados, familias que sienten inseguridad, inversiones que se aplazan, negocios que hacen cuentas y ciudadanos preguntándose si sus hijos tendrán aquí las oportunidades que necesitan. Las primeras estimaciones han situado en decenas de millones de euros las pérdidas directas del sector privado, con importantes descensos de actividad en comercio, hostelería y turismo. Otra vez aparece una palabra que en economía es tan importante como las cifras: confianza.


Y eso es precisamente lo que une, a mi juicio, 1996 y 2026: no las causas ni las circunstancias, sino la fragilidad.

Hace treinta años descubrimos dolorosamente hasta qué punto Ceuta podía depender de decisiones políticas y económicas tomadas fuera de sus escasos veinte kilómetros cuadrados. Descubrimos que una frontera podía transformar en cuestión de semanas un modelo de negocio construido durante décadas y que detrás de cada cierre había empleados, familias y niños que terminaban haciendo las maletas.

También aprendimos algo más: que los problemas migratorios no desaparecen simplemente porque dejemos de mirarlos. En 1995, cientos de personas subsaharianas permanecieron durante meses en condiciones precarias, primero en distintos puntos de la ciudad y posteriormente en Calamocarro. En junio de 1996 todavía había más de trescientas personas en aquel campamento y las propias autoridades ceutíes advertían del riesgo de que se reprodujeran los graves incidentes del año anterior. La historia debería servir, al menos, para reconocer determinadas señales antes de que los problemas vuelvan a desbordarnos.


Por eso quizá no estaría de más recuperar la memoria de aquella crisis ahora que se cumplen treinta años. No para comparar artificialmente dos momentos históricos diferentes ni para alimentar el miedo, sino precisamente para evitarlo. Una ciudad que conoce su historia dispone de algo que no tenía la primera vez: experiencia.

Yo miro hacia atrás y veo a mis amigos jugando en la Plaza de los Reyes. Después recuerdo las despedidas y cómo fueron marchándose. Veo el negocio de mi padre cerrar una etapa y abrir otra mucho más modesta. Veo a una familia que decidió quedarse cuando probablemente habría sido más fácil buscar otro lugar. Y cuando miro la Ceuta de hoy comprendo que mi preocupación no consiste solamente en saber cómo saldremos de esta crisis, sino en preguntarme qué Ceuta quedará cuando salgamos de ella.

Porque las crisis terminan. Lo verdaderamente importante es evitar que se lleven por delante una generación, que nuestros jóvenes vuelvan a pensar que su única salida está al otro lado del Estrecho y que dentro de treinta años otro ceutí tenga que escribir, con los nombres de sus propios amigos, un artículo parecido a este.

La historia está para recordarla, pero sobre todo para aprender de ella. Y quizá defender Ceuta sea también eso: conocer lo que nos ocurrió, reconocer nuestras vulnerabilidades, exigir soluciones antes de que sea demasiado tarde y trabajar para que quedarse en esta ciudad vuelva a ser una elección de futuro y no simplemente un acto de resistencia.


Y quizá no haya mejor día para terminar estas líneas que hoy, coincidiendo con la festividad hindú de Ganesha, el Señor que remueve los obstáculos y abre los caminos. Mi plegaria es por Ceuta: que ningún obstáculo nos haga perder aquello que somos, que sepamos encontrar el camino cuando parezca cerrarse y que nuestros hijos puedan seguir construyendo aquí su futuro. Que Ganesha nos conceda la sabiduría para aprender de nuestra historia, la fortaleza para afrontar el presente y la esperanza para seguir creyendo en esta tierra. Que así sea.

Por Prakash Ratan Mirchandani

Related Posts

portada-naves-tarajal-vida-menores-miedo-incendios-comercios-asfixiados-4

Naves del Tarajal: la vida de los menores, el miedo ante los incendios y unos comercios asfixiados

hace 16 minutos
menores-inmigrantes-puertas-nuevo-asentamiento-mayores-estan-dentro-nosotros-fuera

Menores inmigrantes a las puertas del nuevo asentamiento: "Los mayores están dentro y nosotros fuera"

hace 51 minutos
fatima-hamed-mdyc-pleno-asamblea-junio-2026-77

MDyC denuncia que las facturas del agua se han disparado hasta un 10% en Ceuta

hace 2 horas
situaciones-como-primar-bienestar-paciente

Ingesa confirma 5 casos de varicela en Urgencias y lanza un mensaje de tranquilidad

hace 2 horas
delegado-gobierno-ceuta-miguel-angel-perez-triano-exjefe-gabinete-gonzalo-sanz

Hazte Oír pide un careo entre el delegado del Gobierno y su exjefe de Gabinete

hace 3 horas
benitez-fabrica-guano-ruta-asentimientos-ilegales-creciendo

De Benítez a la fábrica de Guano: la ruta de los asentamientos ilegales sigue creciendo

hace 3 horas

Comments 10

  1. kumar comentó:
    hace 2 horas

    Precioso articulo que especialmente a gente como yo que soy uno de los que se tuvo que ir de Ceuta por culpa del cierre de la frontera, aunque ya no estemos ahi siempre somos y seremos de Ceuta.

    Responder
  2. Un caballa en Málaga comentó:
    hace 2 horas

    Excelente análisis. Maravilloso artículo. Como caballa establecido en Málaga desde hace muchos años, me ha recordado una época muy bonita de la Ceuta que viví en los 80 y 90 de joven...A lo expuesto en el artículo puedo decir con nostalgia que en este aspecto cualquier tiempo pasado, mucho mejor. Un saludo muy cordial y felicidades a mis amigos de la comunidad hindú.

    Responder
  3. Micht comentó:
    hace 2 horas

    Enhorabuena por su artículo, me ha encantado.

    Responder
  4. Puni comentó:
    hace 5 horas

    Prakash, me ha encantado leerte. ❤️

    No te imaginas la nostalgia que me ha entrado al leer el artículo, ver esas fotos y encontrar nuestros nombres entre tantos recuerdos de nuestra infancia. Por un momento me has hecho volver a aquella Ceuta, a esos años en los que éramos niños y no éramos realmente conscientes de todo lo que estaba pasando a nuestro alrededor.

    Como bien cuentas, aquella crisis también afectó muchísimo a mi familia y finalmente tuvimos que hacer las maletas y poner rumbo a Lanzarote. En aquel momento simplemente sentíamos que dejábamos atrás nuestra casa, nuestros amigos y una parte de nuestra vida; con los años comprendes mucho mejor todo lo que significó para nuestros padres empezar de nuevo desde cero.

    Han pasado 30 años y Lanzarote se convirtió en nuestro hogar, pero Ceuta y todos aquellos recuerdos de nuestra infancia siempre forman parte de nosotros.

    Gracias por escribir algo tan bonito y por hacernos recordar una etapa que parecía tan lejana. Me ha emocionado especialmente ver aquellas fotos y pensar en todos esos niños que fuimos, cada uno tomando después su propio camino.

    Un abrazo enorme, Prakash. ❤️ Y gracias por llevarme por un ratito de vuelta a nuestra infancia.

    Responder
  5. Raquel comentó:
    hace 6 horas

    Maravilloso artículo, lleno de verdad, amor y esperanza por nuestra tierra. Gracias.

    Responder
  6. Teal comentó:
    hace 7 horas

    Una pena se fue al garate con Felipe González creo que abrió la verja.

    Responder
    • 4° generación de ceuties musulmanes comentó:
      hace 4 horas

      Te equivocas, FG,no abrió ninguna verja,nuestros abuelos ya tenían nacionalidad española porque nacieron aquí,y muchos de ellos lucharon ppr este pais

      Responder
  7. María Estevez Palmero comentó:
    hace 7 horas

    Bonito y nostálgico artículo ♥️💔

    Responder
  8. Antonio comentó:
    hace 9 horas

    Precioso artículo paisano, enhorabuena!

    Responder
  9. Nostalgia comentó:
    hace 9 horas

    Bonito artículo. Me ha despertado nostalgia de esa Ceuta que vivimos los que hoy contamos con 50 años.

    Responder

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

  • Grupo Faro
  • Publicidad
  • Contacto
  • Aviso legal – Protección de datos
  • Política de cookies
  • Política de privacidad
  • Política editorial
  • Términos de uso

Grupo Faro © 2023

No Result
View All Result
  • Sociedad
  • Sucesos
  • Frontera
  • Justicia
  • Política
  • Cultura
  • Educación
  • Deportes
  • Marruecos
  • Opinión
  • Horarios de barcos by Kikoto

Grupo Faro © 2023

No Result
View All Result
  • Sociedad
  • Sucesos
  • Frontera
  • Justicia
  • Política
  • Cultura
  • Educación
  • Deportes
  • Marruecos
  • Opinión
  • Horarios de barcos by Kikoto

Grupo Faro © 2023