Ir o no ir a la manifestación del 2 de septiembre, esa es la cuestión. En toda España se han convocado concentraciones para apoyar a la ciudad de Ceuta y reivindicar que formamos parte de la nación. También esta convocatoria lleva implícita varias protestas: dejación del Gobierno, situación de los ceutíes, críticas a Marruecos por saltarse a la torera los derechos humanos de su pueblo, abandono de la vigilancia fronteriza por parte del Estado.
Creo que no soy sospechoso si doy datos: una ciudad que tiene una superficie de aproximadamente 19,87 kilómetros cuadrados, 85.000 habitantes, 22 colegios, 5 institutos, 22% de paro, un hospital, 3 centros de salud, con un tejido empresarial escaso, sin turismo de más de un día.
En Ceuta no somos racistas , ni xenófobos, ni intolerantes, ni nos oponemos a cualquier ayuda humanitaria que podamos ofrecer. Minorías minoritarias hay en todos los sitios pero carecen de representatividad en el espíritu ceutí. Oponerse a la entrega de alimentos, quemar campamentos o perseguir a migrantes para amedrantarlos no representa ni al 0,25 % de la población ceutí.
Ni la Cruz Roja es una mafia, ni las ONGs deben estar bajo sospecha de querer mantener la situación en la que vivimos.
Nadie negará que hay grupos radicales que escampan el odio para que respiremos un aire que nos envilece, eso es FASCISMO, no tiene otro nombre. Su triunfo sería el final de nuestra convivencia.
Algunas organizaciones progresistas (PSOE, Podemos, Sumar, ERC..) argumentan que la manifestación del día 2 es apoyar al PP y VOX, hacerles el juego, desgastar al Gobierno, estar con la derecha y la extrema derecha, ser insolidarios, ir contra los derechos humanos. Nada de eso pertenece a la realidad de la filosofía de esta convocatoria.
Me remito al comunicado del PSOE regional de Ceuta: “El PSOE de Ceuta no dará consignas ni a favor ni en contra de la asistencia. Cada compañera y compañero tiene plena libertad para decidir si participa, a título personal, en una movilización pacífica que reclame soluciones para Ceuta. Somos socialistas y somos ceutíes, y no existe ninguna contradicción entre ambas cosas.
Llevamos semanas manteniendo una posición clara, defender los derechos humanos y rechazar cualquier discurso xenófobo es perfectamente compatible con exigir seguridad, un control efectivo de nuestra frontera, medidas eficaces y la recuperación cuanto antes de la normalidad.
No somos ajenos al hartazgo, la preocupación y el malestar de nuestra ciudadanía. Lo conocemos y lo compartimos. La defensa de Ceuta y la exigencia de soluciones no son patrimonio de ninguna sigla.
Nuestra militancia es libre de expresarse y participar democráticamente. Nuestras líneas rojas son y seguirán siendo la violencia y cualquier comportamiento que pretenda fracturar nuestra convivencia”.
Cuando ser socialista en Ceuta llega a ser un estigma para muchos conciudadanos, más orgullosos nos sentimos. La discrepancia, la crítica, el aportar ideas distintas no implica que tengamos que renunciar a nuestra ideología, que puede estár por encima de los dirigentes.
Cuando volvamos a la normalidad tendremos que analizar lo sucedido desde la razón, el sosiego, la tolerancia y la libertad.






