Miles de personas permanecen en Ceuta tras la entrada masiva. Se han quedado aquí, rechazaron los retornos voluntarios y se buscan la vida ejerciendo de ‘autónomos’ sin cotizar, sin registro y sin control. Estos ‘busca-vidas’ montan sus propios puestos de venta de productos u ofrecen tabaco a los conductores.
Sartenes, pantalones, cartones de leche, zapatillas… De dónde sacan esos productos, nada se sabe. Lo que sí se aprecia es la venta de los mismos a pie de playa, en el Trampolín.
Pantalones de distintas tallas, incluso partes de trajes de neopreno. También sartenes para quienes cocinan en los asentamientos de los montes, zapatillas, leche… Los inmigrantes acuden a este puesto para ver qué ofertas tiene en el día. Tal y como se monta se retira. En esta playa se permite todo mientras no estén los servicios de limpieza que a diario evitan que vuelva a ser una especie de vertedero.
"¡Sigarro, sigarro!"
A pie de carretera un joven con un paquete de tabaco en la mano no para de ofrecer cigarros a los conductores. Esa palabra le acompaña constantemente: “¡Sigarro, sigarro!”, dice mientras muestra un paquete en sus manos. Busca que alguien le compra. Si no es hoy, como confiesa, “mañana”.
Este joven permanece dando vueltas por el Trampolín toda la tarde, aprovechando la hora de la comida y la petición de un cigarrillo.
Al lado, en el puesto improvisado sobre una manta a pie de playa un subsahariano con sombrero más propio de vaquero ofrece un surtido más amplio.
Peluqueros y asesores de imagen
Y a ellos se suman los peluqueros. Una silla, un rincón con sombra, una sabana y un espejo. Así cortan el pelo a los que se acercan o les ofrecen más servicios de imagen, como si fueran asesores.
En el Trampolín tienen hasta cola, en Benítez hay otros desarrollando las mismas labores.
Estos ‘autónomos’ sin registro forman parte de esa otra no normalidad que permanece en Ceuta.






