Las puertas de la Jefatura Superior de la Policía Nacional han vuelto a ser ocupadas por cientos de niños que ni siquiera habían sido citados para las filiaciones. Entre ellos, Mohamed, residente en Almería, cuenta la historia que le ha traído a Ceuta, la búsqueda de su sobrino Hatim, huérfano y desaparecido desde el cruce masivo de inmigrantes.
Ha llegado esta misma mañana desde Almería con un único objetivo: encontrar a su sobrino, un menor de 16 años del que su familia no tenía noticias desde que entró en Ceuta durante la llegada masiva de inmigrantes.
Cruzando el Estrecho
“Vengo de Almería buscando a mi sobrino. Desde el día que entró no lo había encontrado hasta ayer, a través de preguntas y fotos de él”, relata.
Durante días, Mohamed ha intentado localizar al menor sin saber dónde estaba ni en qué condiciones. Finalmente, unos jóvenes le dieron una pista. Le dijeron que habían visto a Hatim.
Rumbo a Ceuta
Mohamed compró un billete de Balearia y puso rumbo a Ceuta. Cuando finalmente lo encontró, pudo respirar tranquilo. “Gracias a Dios estaba bien”, cuenta. No estaba herido ni enfermo, pero sí llevaba días viviendo en unas condiciones que ningún menor debería afrontar.
Hatim duerme en el monte. Come gracias a la ayuda de vecinos y personas que se han volcado con los jóvenes que permanecen en las calles a la espera de una plaza en un centro.
El día a día como menor ilegal en Ceuta
Durante el día, según explica su tío, “pasa el tiempo sentado, descansando o buscando alguna forma de dar solución a su situación y poder entrar en un centro de protección”.
Hatim es de Tetuán y tiene 16 años. Pero detrás de su decisión de cruzar hasta Ceuta hay una historia especialmente dura.

Hatim, huérfano de16 años
Su padre murió cuando apenas tenía dos meses. Su madre lo abandonó a él y a su hermana, quedando ambos bajo el cuidado de su abuela.
Cuando se le pregunta por qué su sobrino prefiere vivir en la calle en Ceuta antes que permanecer en Marruecos, Mohamed se derrumba.
Pérdida y abandono
La pregunta toca una herida demasiado profunda. No hay una respuesta sencilla cuando detrás de un adolescente hay una infancia marcada por la pérdida y el abandono.
“Si me lo dejan, yo me hago cargo de mi sobrino”, insiste. Su propuesta es clara: ofrecerle una casa, comida, ropa y estudios. Quiere que pueda formarse, obtener un título o realizar un curso. Quiere, simplemente, que tenga una oportunidad.
“Todo lo que le falte a mi sobrino lo pongo yo”, asegura.
No puede hacer nada
Mohamed ya ha hablado con la Policía, pero la situación administrativa del menor impide que pueda llevárselo consigo de inmediato.
Él entiende que existen procedimientos que deben cumplirse, pero no comprende cómo puede marcharse dejando atrás a un menor que acaba de encontrar después de una semana buscándolo.
Su vida está en Almería. Tiene un trabajo y una mujer embarazada que lo espera. Esta misma tarde debe regresar. “A las tres de la mañana sigo trabajando”, asegura Mohamed.

Al menos sabe que su sobrino está vivo
Debe regresar a Almería, pero ahora lo hará más tranquilo, al menos sabe que Hatim está vivo y ha podido encontrarlo. Antes de marcharse, Mohamed solo pide una cosa: que su sobrino quede protegido.
“No quiero dejar a un muchacho así”, repite.
Centro desbordados
Su caso es uno entre cientos. A las puertas de la Jefatura, los menores siguen esperando. Algunos duermen en el monte, otros reciben comida de vecinos y voluntarios y todos ellos buscan un hueco en unos centros de protección que se encuentran desbordados.
La historia de Hatim deja al descubierto una de las muchas caras que está dejando la entrada masiva de inmigrantes.
Personas detrás de las cifras
Detrás de las cifras hay nombres, familias y adolescentes que esperan una respuesta. En este caso, también hay un tío dispuesto a asumir una responsabilidad que, por ahora, la burocracia no le permite ejercer.
Mohamed tendrá que regresar a Almería. Hatim se queda en Ceuta. Y mientras se despide, resume su desesperación con una frase que parece resumir toda la situación: “Apaga y vámonos”.






Este es el que organiza las colas enfrente de la comisaria. Algo más tendrá. Que casualidad que ha entrado su sobrino huérfano y el ha venido...
Huérfano y te preocupas ahora. Parte del victimismo, no has sido capaz de pasar a Marruecos y solicitar su tutela. Lo siento pero no te creo, casualidad que su familia perezca hace poco y aproveche ahora.