El próximo domingo millones de personas de todos los países asistirán a la final de la copa del mundo.
Plazas, calles, campos de fútbol, bares, playas, terrazas....
80.000 personas darán comienzo la cuenta atrás y el árbitro indicará el comienzo del partido.
El fenómeno de masas ha sido estudiados desde distintos puntos de vista y analizado bajo el paradigma de la psicología, el deporte, la política, la sociología; muchas disciplinas han diseccionado el comportamiento de las masas ante algunos acontecimientos.
Sin duda el fútbol es uno de ellos.
Llegar al arrebato, frenesí, exaltación o delirio. Fundirse con personas con las que nunca estarías de acuerdo en nada, pensar que el triunfo va más allá de la victoria y que la derrota es un fracaso colectivo, aunque esa sensación dure unos minutos, sin embargo el triunfo se paladeará como un manjar que nunca se termina.
¿Qué nos jugamos el domingo? ¿Por qué esa necesidad perentorias del triunfo si nuestras vidas no cambiarán un ápice? Seguirán siendo las mismas de siempre con nuestras rutinas, nuestros problemas, nuestras frustraciones y sueños.
Necesitamos la catarsis, un proceso de liberación, purificación o transformación interior mediante el cual una persona libera emociones, pensamientos o tensiones reprimidas. El resultado de este desahogo es una profunda sensación de alivio, claridad y renovación mental.
Dos naciones, dos equipos de fútbol, 22 jugadores. La colmena humana necesita placebos, héroes, titanes, dioses que protegen nuestra debilidad y nos insuflan su energía.
Las masas están ávidas de líderes, causas que defender, objetivos comunes. No reaccionamos de la misma manera ante circunstancias que nos vertebran como integrantes de la humanidad: una guerra, un genocidio, un orate en la casa blanca, el hambre, la injusticia, la pobreza extrema, o los fascismos galopantes.
El domingo estaremos hipnotizados por una pelota que, si entra en la portería, le dará un sentido existencial a nuestra vida.
" Pan y circo", entretener a la población con el fin de distraerla de los problemas políticos y sociales o económicos, y evitar protestas o cuestionamientos.
Eso sí, ¡Todos con la roja! Y Yo el primero, qué coño.






