Basta con cruzar el Puente del Cristo, junto a las Murallas Reales y en pleno Baluarte de los Mallorquines, para encontrarse con él: una hornacina humilde y silenciosa, custodiada por dos farolillos que la tradición quiso siempre encendidos, y una pequeña talla de madera ante la que generaciones de vecinos de Ceuta han inclinado la cabeza o se han santiguado casi de manera instintiva.
Resulta difícil pasar junto a este rincón sin detener la mirada unos instantes en su reducido pero cuidado espacio, engalanado con flores y envuelto en una atmósfera de recogimiento que parece resistir al paso del tiempo.
Es el Cristo de los Afligidos, conocido popularmente como el Cristo del Puente, y aunque su tamaño es modesto, su historia está cargada de leyendas, sustos y episodios que lo han convertido en mucho más que una imagen religiosa: es un auténtico símbolo de la ciudad.
Un rescate pagado como si fuera un cautivo más
La leyenda más repetida en Ceuta habla de un fraile trinitario, Pedro de los Ángeles, que en plena época de asedios se quedó horrorizado al ver el estado en que se encontraba la imagen.
Según el relato popular que hoy llega hasta nosotros, el religioso decidió tratarla como si fuera un prisionero de carne y hueso, negociando y pagando un rescate al sultán Ismail para sacarla de allí, exactamente igual que se hacía con los cautivos cristianos de la época.
Una historia que mezcla fe y drama humano y que explica, en parte, por qué el Cristo del Puente sigue asociado a la protección de quienes emprenden un viaje.
La ‘imagen de puerta’ que despedía a viajeros y soldados

Mucho antes de que existiera el pequeño espacio actual, el Cristo se ubicaba en los que se conoce popularmente como ‘Primera Puerta’ de la ciudad, el punto exacto donde Ceuta terminaba y empezaba el campo exterior.
Viajeros y soldados se encomendaban a él antes de cruzar y, si todo salía bien, regresaban a darle las gracias. Era una costumbre común en las ciudades cristianas de frontera: colocar imágenes religiosas justo en las entradas y salidas, para que nadie partiera sin protección ni volviera sin agradecerla.
También fue conocido como el Cristo de las enagüillas
Durante años, el propio Cristo tuvo un apodo tan popular como cariñoso. Su talle estaba cubierto por una faldilla rematada en puntillas, al estilo de las prendas infantiles de la época, lo que le valió el sobrenombre de Cristo de las enagüillas entre los ceutíes más antiguos.
Un detalle textil que, sin pretenderlo, terminó formando parte de su identidad popular. Y es que, como hemos comentado al principio, el hecho de acompañarnos durante tantos siglos, da para mucho, muchas historias, alguna que otra leyenda y un buen puñado de curiosidades.
Superviviente de la quema de imágenes de 1932
No todas las devociones de Ceuta tuvieron tanta suerte. En 1932, una oleada de ataques vandálicos arrasó buena parte de las hornacinas y capillas de la ciudad.
El Cristo del Puente, sin embargo, se libró de la destrucción, algo que muchos fieles interpretaron, y continúan interpretando, como una señal más de protección sobrenombrada casi de milagro.
Tres traslados, un robo y una restauración en Granada

La imagen no siempre ha estado en el mismo sitio. A lo largo de su historia ha cambiado de ubicación en varias ocasiones: llegó a presidir la capilla por la que pasaban los condenados a muerte, cerca del antiguo Hospital Civil, y también ocupó el conocido Postigo de San Rafael, en la muralla norte de la ciudad.
En 2002, con motivo de las obras del Baluarte de los Mallorquines, fue trasladada temporalmente a la iglesia de África. Entonces, viendo su estado, se aprovechó para restaurar su policromía y la sujeción de los brazos, dañadas por el paso del tiempo. Con este fin, se encargó su restauración a Manuel Fernández Magán, en Granada. Volvió a su hornacina el 22 de junio de 2004.
El episodio más dramático, sin embargo, llegó más tarde. La madrugada del 10 de febrero de 2015, Ceuta despertó con la noticia de que el Cristo de los Afligidos había sido robado durante la noche por una persona que se encontraba en estado de embriaguez.
La imagen apareció apenas unos días después, con numerosos destrozos y sin su corona de espinas, aunque el cronista oficial de la ciudad, José Luis Gómez Barceló, recordó en su momento que solo estuvo fuera de su altar durante cinco días.
La corona no se repuso hasta cinco años más tarde, cuando un ceutí Pepe Compaz decidió fabricar y donar una nueva, en un pequeño acto al que acudieron fieles que en ese momento rezaban ante la imagen.
Cristal roto, flores frescas y una vecina limpiando el altar
El cristal que protege la hornacina ha sido, con los años, su punto más vulnerable. Los actos de vandalismo se han repetido de forma puntual, el último de ellos, con la rotura del cristal desde su base en forma de dos líneas en uve, pero cada vez la respuesta vecinal ha sido inmediata: reposición rápida del cristal, procesiones improvisadas y ramos de flores frescas que no faltan ante la imagen.
Uno de los episodios más recordados, sin embargo, no tiene nada que ver con el vandalismo, sino con la convivencia. En 2021, una fotografía que mostraba a una vecina de Ceuta de credo musulmán, arreglando el altar del Cristo de los Afligidos tras un episodio de ciertos disturbios en la ciudad, se hizo muy popular; un gesto que muchos ceutíes leyeron como un símbolo de que, más allá de credos, el Cristo del Puente pertenece a toda la ciudad por igual.
De presidir el Jubileo a un viaje a Sevilla para “renacer”

La devoción por la talla no ha dejado de crecer en los últimos años. El Cristo de los Afligidos presidió la solemne apertura del Jubileo en Ceuta 2025, un honor reservado a las imágenes más queridas de la ciudad.
Poco después de aquel acto, la propia imagen sufrió un nuevo intento de vandalismo que rompió su cristal protector, aunque la reparación permitió recuperar la normalidad apenas dos días después del incidente.
Ahora, la historia del Cristo del Puente afronta uno de sus capítulos más importantes. Los técnicos han confirmado que se trata de una talla tardogótica de finales del siglo XV o comienzos del XVI, una de las imágenes religiosas más antiguas conservadas en Ceuta, aunque su estado de conservación es algo deficiente, con grietas en la madera y pérdidas de estuco provocadas por la humedad y los cambios de temperatura, a pesar de los procesos de restauración que ha pasado.
Por ello, la imagen iniciará esta semana un traslado a Sevilla, donde será restaurada por el mismo especialista que ya intervino sobre otras imágenes emblemáticas de la ciudad, José María Cosano; mientras que su hornacina se transformará en una capilla revestida de cerámica mayólica azul, con un nuevo espacio de mármol rojo y negro.
Antes de partir hacia su restauración, este miércoles a las 19,30 horas, la comunidad del Santuario de Nuestra Señora de África ha organizado una despedida solemne, con un Vía Crucis y un besapiés multitudinario, como corresponde a una imagen que, pese a su pequeño tamaño, nunca ha dejado de ser gigante para quienes cruzan cada día su puente.






