La mejor nota de selectividad (PAU) en Ceuta la obtuvo Darío Píriz Guerrero, logró una calificación brillante de 13,570 puntos sobre 14 en la convocatoria ordinaria.
Lo conocí hace unas tardes en la sala del profesores del Camoens: me saludó, nos dimos la mano y le propuse escribir un Cañonazo contando su historia, una historia que trascendiera al éxito y a la excelencia académica.
Su capacidad para caminar sobre ideas, proyectos, miradas críticas y revoluciones pendientes era un buen guión para el Cañonazo.
Entrar en la Academia de Oficiales de la Guardia Civil era su objetivo desde hace tiempo y, para ello, tendría que meter en la mochila mucho esfuerzo y una superación que nunca se da por terminada.
Reprimir los pensamientos negativos, resistir el maratón dosificando las fuerzas, canalizar estrategias necesarias para superar la PAU culminando el esfuerzo de tantos años.
Darío no es un estudiante al uso; el afán de aprender, de saber, de trabajar, su mirada crítica sobre el arte, la sociedad, la Filosofía o las Ciencias.
Darío es un espeleólogo investigando sobre la estructura vital de la existencia. La búsqueda de la eudaimonía como un fin en sí mismo, la felicidad, el bienestar o el florecimiento humano.
Habiendo asistido a las olimpiadas de Filosofía y teniendo un excelente dominio de la materia se atrevió a optar por la Historia en la PAU: “La Filosofía tiene un planteamiento de examen más difícil y la hora y media resulta escasa”.
Para Darío hay mucho que cambiar en el Bachillerato. Desde los 16 a los 18 años no se fomenta el pensamiento crítico, los currículos están muy cuadriculados, demasiado cerrados e insípidos para aprender a aprender, para salir de la pecera buscando el mar, la dialéctica de las olas. Es complicado romper las redes del sistema y escapara a la aventura del conocimiento. No es saber Platón, es saberse Platón, diseñar un plan de fuga de la Caverna y releer el platonismo de nuestra época.
Unificar la selectividad para todo el país es una asignatura pendiente que prometieron los políticos y , al no haberla, queda cercenada la igualdad de oportunidades.
Su recomendación es esfuerzo para optar a lo que quieres estudiar pues en esta etapa es decisivo, una especie de escalera con muchos peldaños.
Me inspira la ternura en sus enfoques vitales, entiende la ironía, el volver a preguntar cientos de veces lo que no tiene claro, el no darse por satisfecho con respuestas cerradas y soluciones únicas.
Sembrar la justicia, una polis abierta, tolerante y democrática, el diálogo como el armamento para parar la guerra.
El mundo no se parará mientras existan personas que lo empujen. Darío es uno de ellos.






