Me voy a dar esa vuelta para que mis piernas empiecen esa senda que todos los días despierta mi alegría. Ver las caras de esas personas que también buscan estar dentro de una sociedad, donde la alegría sea sostenida dentro de la normalidad.
Qué bien me encuentro dentro de los pensamientos positivos de todos aquellos que desean estar en los caminos de la unión, la convivencia entre hermanos de una comunidad que se ayuda a no perder unas costumbres tan ancestrales, como es cambiar impresiones, dar ideas, buscar soluciones, a nuestro día a día.
Y como muchos dicen: “No es criticar, ni hablar mal, es tener un punto de encuentro con mis amistades, que cada día veo que se amplia mucho más”.
Antes no había esos métodos modernos pero la gente deseaba saludar, intentar buscar ese instante para conversar, del tiempo, de los problemas diarios.
Ahora solo hay reenvíos, donde una palabra se lanza sin pensar en las repercusiones, las ideas de cada uno.
Muchos buscan las confrontaciones, no las ganas de encontrar una nueva alianza.
Beben del tener un debate abierto, a las calumnias, al no respetarse.
Las costumbres, en las antiguas civilizaciones, eran unas leyes naturales que eran la referencia para los juicios de valores, de tener respeto de tus vecinos, y lo principal, buscar la concordia entre todos.
Qué bello es caminar, junto a ese vecino que le gusta tu compañía, tus palabras y es un sabedor de escuchar para luego poder entrar en un medio social de ayuda y confianza.






