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El porqué de subvencionar a las hermandades

Por Carlos A. Torrado López (hermano del Silencio)
02/05/2026 - 07:13
Imágenes cedidas

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En el mes de febrero se firmó por la Consejería de Cultura la concesión de la subvención 2026 para la Mesa Permanente y Hermandades de la Ciudad; una subvención de 280.000 Euros que viene a sustituir la ya obsoleta por anticuada e insuficiente de 120.000, para atender a dieciocho entidades o actores subvencionables.

Han pasado ya bastantes días desde la noticia y no creo equivocarme si digo que pocas referencias se han hecho a ello, creo que ninguna; más allá del anuncio del portavoz del Consejo de Gobierno en su momento y de la propia Consejera de Cultura, ambos coincidiendo en decir lo mismo: «Esta medida responde al objetivo de promover y fomentar la cultura en la ciudad, atendiendo a la relevancia social y cultural de las iniciativas que impulsa el Consejo. La aportación permitirá sufragar los gastos derivados de la planificación y ejecución del calendario anual de actividades».

Esta justificación puede servir al gran público como carta de presentación de la nueva subvención, pero contiene matices que me gustaría comentar y aclarar, pues llevo años defendiendo su tipología e incremento, tanto por ser necesario como por ser de justicia; por otro lado -y porque me chirría ahora este silencio de las hermandades- no quiero ni debo dejar pasar más tiempo sin reconocer tal conseguimiento, fruto del esfuerzo personal del Presidente del Consejo y expresión sensible de nuestros representantes políticos al contemplar el aumento de esta partida. Y digo que hay matices que me gustaría comentar y aclarar por varias razones: primero porque la declaración no menciona nuestro carácter religioso (el de las hermandades) lo que supongo no es intencionado, segundo porque en la forma que se dice lleva a confusión.

Empezaré por lo segundo. Cuando se dice «La aportación permitirá sufragar los gastos derivados de la planificación y ejecución del calendario anual de actividades» más bien debería decir “parte de los gastos”; es importante el matiz, no vaya a parecer a quien lo escuche que las hermandades cubren con la subvención esa planificación anual que refieren los Consejeros.

Hasta ahora la subvención ha venido cubriendo una pequeña parte. Para saber de qué estamos hablando decir que en una hermandad de un paso -como el Silencio por ejemplo- el promedio de la subvención respecto de su presupuesto de gastos ha sido en estos últimos años (de 2020 a 2025, 6 años) del 37%; así que mucho me temo que en una hermandad de dos pasos (que son la mayoría y normalmente con música) no habrá llegado la subvención más allá del 15%. Por lo tanto, si no fuera por la aportación de los hermanos, los trabajos en celebraciones festivas, las campañas de colaboración y algún patrocinador que otro en su caso, bien poco podrían hacer las juntas de gobierno de las hermandades por sí solas.

En 2023 se publicó en este medio el artículo «Hablando de subvenciones», en el que daba detalles de los ingresos por subvención en las hermandades de la Ciudad; lo que venía a ilustrar sobre su incidencia real en nuestras tesorerías, incidencia que ha sido bastante exigua en general.

La mayoría de la población conoce las cofradías por lo que ve en Semana Santa, desconociendo la gran labor que desinteresadamente hacen durante el resto del año; así como el trabajo personal y en equipo que se realiza para la consecución de sus proyectos, que si son propios tardan años en materializarse y si son sociales o de colaboración los priorizamos a los propios. Quizá por esto los proyectos de adquisición en las hermandades nos llevan tantos años, a veces varios lustros o más, en realizarse.

Como ejemplos dos de la Hermandad del Descendimiento que conozco bien: su primer gran proyecto fue la adquisición de un solar en junio de 1989 para edificar su Oratorio y Casa de Hermandad y no fue hasta julio de 2004 que se estuvo preparado para solicitar la licencia de obra; el segundo fue la contratación de la hechura del Misterio del Traslado de Nuestro Señor (siete imágenes), cuyo primer contrato se redactó en abril de 1987 (dos imágenes) y el último (san Juan) se firmó en noviembre de 2025. Esto lo dice todo sobre la santa paciencia de las hermandades, “santa” a la que generalmente se encomiendan la mayoría de las juntas de gobierno, sobre todo aquellas que están dirigidas por hermanos con sentido común, visión de futuro y esperanza en la providencia.

La repercusión social de las hermandades en la vida económica, social, cultural y religiosa de la ciudad es asunto para tener en cuenta, pues no sólo estamos activos en Semana Santa, lo estamos también -no todos en todo pero siempre en todo alguna- en las fiestas patronales, romerías, navidad, campañas de alimentos, campañas asistenciales, congresos, jornadas de convivencia, publicaciones, y un largo etcétera.

Además creamos, mantenemos y custodiamos un rico, extenso y multidisciplinar patrimonio cultural y religioso, bien sea material (oratorios, capillas, imaginería, orfebrería, pasos, piezas musicales...) o bien sea inmaterial (como la inculturación de nuestro acervo cofrade en el contexto socio-cultural local del conjunto de creencias, devociones y tradiciones existentes); y todo ello sin perder la propia esencia de lo religioso y dando oportunidad a que los ciudadanos puedan expresar su fe a través de la propia cultura, lo que a la postre nos da identidad propia.

Si comparamos lo que una hermandad viene a percibir (la subvención es a repartir entre dieciocho actores como ya hemos dicho) en comparación con otras asociaciones, federaciones, clubes, ONG, etcétera, la cantidad es bien ridícula; teniendo muchas de estas instituciones menos usuarios, seguidores, transcendencia social y transparencia en la justificación del gasto que nuestras hermandades; les invito a buscar las subvenciones otorgadas por la Ciudad, bien sean de la Consejería de Deportes, ICD o de la Consejería de Cultura, y comprobaran con sorpresa lo que digo.


Esto me lleva a la segunda observación y reflexión. Y la hago a partir de la declaración de los Consejeros... «Esta medida responde al objetivo de promover y fomentar la cultura en la ciudad, atendiendo a la relevancia social y cultural de las iniciativas que impulsa el Consejo”... Mira por donde se olvidan de que somos ante todo asociaciones religiosas de laicos, no asociaciones culturales en primera instancia y lo podemos decir sin tapujos porque nuestra Constitución nos consagra como un Estado aconfesional, y aunque no lo dice expresamente sí se deduce al declarar su relación con la sociedad española.

He oído y leído muchas veces opiniones sobre la laicidad que deben observar los gobiernos en nuestro país, sobre todo en política educativa, aunque lo trasladan a cualquier otra actividad.

Quisiera recordar aquí que nuestra Constitución consagra, entre otros muchos, dos principios nucleares en este sentido, el de la laicidad (separación Estado-confesión religiosa) y el de colaboración de los poderes públicos con las distintas confesiones. Por lo tanto establece, garantiza y protege formalmente estos derechos y en el caso de la colaboración esta habrá de ser proporcional a la representatividad de dichas confesiones en la sociedad española (artículo 16.3 de la Constitución y la doctrina consolidada del Tribunal Constitucional). Por ello, que España sea considerada un Estado aconfesional, en aplicación de su obligación constitucional, o si lo prefieren laico activo en contraposición con los estados que se declaran laicos pasivos, no solo obliga para tener en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y no hacerles la puñeta a los que se declaran “creyentes”, sino que obliga también a cooperar con las distintas confesiones. Esta consideración positiva del fenómeno religioso, además de reconocer y tutelar este derecho fundamental que es la libertad religiosa, obliga a los poderes públicos a su promoción y fomento. De este modo la libertad religiosa no solo es proclamada de una manera formal, sino que en un Estado social y democrático dicho derecho fundamental ha de ser real y efectivo y esto se consigue haciéndoles participes de los bienes materiales que en igualdad de condiciones y equidad se distribuyan entre los ciudadanos.

Y aquí esta entre otras cuestiones la subvención que se nos otorga, que no es un favor sino un derecho y reconocer la tipología social de las hermandades es el primer paso, pues nos pone por delante de otras asociaciones que promueven actividades “no tan fundamentales”.

He releído en estos días la declaración del Consejero portavoz en 2025 y dijo entonces: «La subvención está encuadrada en el compromiso del Gobierno de la Ciudad de colaborar con las distintas entidades religiosas para proteger y difundir nuestro patrimonio histórico, cultural y religioso» ... ¡Esto sí fue una declaración en toda regla! La de este año sirve igual -dicho sea con todo respeto- para las hermandades, las asociaciones del carnaval o la de moteros unidos por el Magreb.

Qué quieren que les diga, eché en falta este año que se reconociera en la declaración la dimensión real de las hermandades, que es “social, cultural y religiosa” en referencia a las iniciativas que impulsa el Consejo. Creo que esta complejitis en la definición y ese sumo cuidado a no hacer referencia a nuestro marcado carácter religioso nos hace flaco favor, asunto que nunca se debe obviar.

No me vayan a decir ahora que cuando se habla de social y cultural está contemplado lo religioso siempre, pues lo religioso tiene tal relevancia en las hermandades que sin hacer explícito el término no habría de entenderse qué puñetas hacemos aquí y a qué nos dedicamos.

Recordamos una vez más que las hermandades pertenecen a ese selecto elenco de asociaciones en las que no existe ánimo de lucro ni de poder, la generosidad es moneda común, y se hace lo que se puede por la comunidad en tanto se desarrolla un proyecto de crecimiento personal y colectivo; lugar donde se siente con frecuencia una profunda satisfacción espiritual y donde la recompensa no es de este mundo... y eso solo se predica de aquellas asociaciones que tienen un marcado carácter religioso, sean de la confesión que fuere ... y así debe ser declarado.

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