El PSOE ha dado a conocer el nombre de la persona a quien, considera, se le debe hacer entrega de la Medalla de la Autonomía. Se trata de Adil Mohamed, un ceutí que ejerce de imam en el centro cultural islámico más grande de España, conocido como la mezquita de la M-30.
Fue dar a conocer esta elección y comenzar el cortocircuito colectivo de aquellos que solo saben sembrar el odio con el ataque. No hay más.
Carecen de motivos, de justificaciones, solo exponen la bandera del rechazo y el odio, siendo dignos ejemplos de la mayor involución social. Los comentarios son para enmarcarlos, algunos, incluso, deberían ser motivo de análisis.
El PSOE ha querido reconocer la valía de un chaval que recuerda orgulloso su infancia y juventud en Hadú, que estuvo en el Ejército hasta que siguió el camino de la Teología y que durante años se ha formado para su labor actual.
Es una persona respetada, que trabaja por los demás y que nunca se ha olvidado de Ceuta. Los socialistas lo han elegido para recibir esta Medalla como digno reconocimiento de su pueblo, de sus raíces.
Esto debería obtener como respuesta una aprobación o, a quien no le guste, una crítica respetuosa, pero, lejos de eso, se echa mano de insultos y se saca a relucir un libro lleno de la mayor hilera de vejaciones posibles.
El nivel social al que hemos llegado no tiene límite, va a más, sin freno, sin que nadie corte esta auténtica sangría que se mueve en las redes suciales y que atacan siempre en la misma dirección.
Hay quienes consideran Ceuta como su propia ‘patria’ en la que solo deben caber unos pocos: ellos. Otros como Adil, no. Esto debería provocar el rechazo de todos, pero no es así, hay quienes dentro del margen que permite la cobardía apoyan esos discursos de odio a través de un comentario o un mensaje en cualquiera de las múltiples plataformas existentes.
Esa involución mental y social dice mucho de lo que somos, y lo dice para mal. Espero que Adil venga a recoger su medalla y dé un mensaje a quienes, ofuscados, hacen un daño social a la que llaman su tierra. Un daño tremendo.






